¡Ah! ¡Claro! ¡Me he estado saboteando!

Clarita está decidida a bajar de peso. Esta decisión, junto con el carrito del mercado abarrotado de frutas y vegetales, se quedará “fría” dentro de la nevera incluso antes de que ella misma alcance a decir “Ñé”. Esto es “Auto sabotaje”. Abandonar un plan pocas veces se acompaña de abandonar el propósito que tenía el mismo. Cuando hablamos de cambiar el hábito alimenticio, dos más dos son cuatro pero, ¿Puede ser más complicado que eso? Sí. Dependerá de lo arraigado que esté en nosotros el viejo hábito, y de las sofisticadas estrategias que éste logre completar para que nunca, NUNCA lo cambiemos. Identifiquemos algunas de éstas:

“Empiezo mañana”: Muchas veces se convierte en “Empiezo el lunes”, “Empiezo el 1ro de enero”, algunos más listos eligen un día difícil per se, día de torta y tragos, “¡Ahora sí! ¡Empiezo en mi cumpleaños!”. Postergar el inicio de un nuevo hábito es alejarnos de él inevitablemente. Partiendo de la premisa de que el hábito es algo que hay que repetir, cuantas más veces mejor y cuánto antes mejor. ACCIÓN: Empieza ¡YA!

“¡Ay, ya me salí!”: Este inocente pensamiento echa inmisericordemente por la borda todo el trabajo que hayamos hecho con anterioridad, sin darnos cuenta marcamos nuestra empresa de fracaso con la única intención de permitirnos no seguirla por el resto del día, o de la semana o del mes, dependiendo de qué tan lejos esté nuestro próximo lunes o nuestro próximo “mañana”. ACCIÓN: Levántate, sacude tu ropa, no mires a los lados y continúa.

“¡Esta vez seré radical!”: El agua que logra hacer un surco sobre la piedra es una que ha caído muchas veces, con dedicación y paciencia, de forma repetida. No nos sirven los aguaceros ni los chaparrones, sólo nos dejan cansados y empapados. ACCIÓN: implementa pequeños cambios que sean sostenibles en el tiempo, que no requieran de una intensa lucha, sino simplemente de una cuota saludable de atención.

“No tengo fuerza de voluntad”: Estos pensamientos deben ser rápidamente desechados, cualquiera que puede comer, puede comer de otra forma, y de la forma correcta. Alimentarse organizadamente, tomar los alimentos que requiere nuestro cuerpo en las cantidades que los requiere, no es algo que haya que soportar como un gran peso, es la conducta más cercana a lo natural que podamos implementar. ACCIÓN: Hazlo con simpleza, no se trata de un maratón, verás sorprendido cómo tu cuerpo responde positivamente.

“No veo más que sacrificios e incomodidades”: Dentro de la paciencia y la tranquilidad con la que se debe llevar a cabo un cambio de hábito, debemos tener claro que vendrán momentos de incomodidad. Tomar una cena ligera y nutritiva en algunos puntos será “¿Por qué yo? ¡Siendo hoy jueves de PIZZA y bebidas azucaradas! ¡NO!”. Debemos concientizar que ahora no se trata de querer (porque lo que pensamos que queremos es simplemente nuestro viejo hábito hablándonos) se trata de hacer, y en ese hacer modelamos y educamos, así es como iremos generando el nuevo hábito que nos llevará por añadidura a la meta que buscamos y no sólo eso, una vez generado, nos mantendrá en la vida plena y saludable que queremos, con un mínimo de resistencia. ACCIÓN: Actúa según el plan, lo que hoy es un sacrificio muy pronto será un placer, ¡BUEN PROVECHO!



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