Al espíritu, lo que es del espíritu

Como sociedad tenemos una veneración tan grande por nuestra mente, por lo que pensamos, por lo que otros piensan, por expandir nuestra mente… que estamos atrapados en ella. Y esta suele ser la razón fundamental por la que los caminos espirituales pierden el brillo que deseamos que tengan.
Es natural que haya ocurrido así, ya que como recurso nuestra mente nos permitió evolucionar hasta este momento, pero ha llegado el momento de poner en primer lugar nuestro espíritu.

¿Cómo quedamos atrapados en la mente? Cuando seguimos analizando lo que ya pasó y volvemos importante un hecho que en sí mismo carece de tanta importancia y dejó de existir, porque ya pasó.

También tratando de entenderlo todo, analizando cada detalle, tratando de tener razón, defendiendo razones o simplemente contando una y otra vez la misma historia.
¡Tanto nos identificamos con nuestra mente que hasta hemos llegando a pensar que Dios razona como nosotros! Más amoroso, pero con una mente racional como la nuestra…Y, obviamente, esto no es así.

Estamos en presencia de una transformación integral del mundo, donde cada día se revelan nuevas formas de todo lo que conocemos. Cambios que siempre han ocurrido en la evolución, pero con una velocidad inédita que nos obliga a soltar nuestra lógica aprendida.

No podemos soñar un nuevo mundo, y menos aún sanarnos, si no renunciamos a seguir usando la mente de la manera que lo hacemos. La mente que ha creado el sufrimiento, la crisis y el caos, no tiene la habilidad de sanar. Esta es la labor del espíritu. Y el espíritu obra fuera de la razón, en el silencio.

Practícalo en este momento.

Cierra los ojos y dedica unos segundos a acallar tu mente y permitirte el silencio.

En este instante comenzarás la transformación que tanto has buscado.

Ssshhhhh…



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