Aprendiendo a escuchar

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En los artículos anteriores hablamos de la importancia de reconocer y aceptar la enfermedad. Hoy quiero plantearte la posibilidad de “conversar” con tu dolencia. Y es que solamente escuchando lo que tu cuerpo te trata de decir es que podrás realmente sanar y superar la enfermedad. Si no te abres a recibir la información que nos trae este mensajero, todos los tratamientos, las medicinas, las consultas médicas estarán sólo cubriendo los síntomas, y servirán de poco si no reparas en el origen del problema. Por eso, como en otras ocasiones te invito a recibir a tu padecimiento en tu casa, tomarte un café con él, y escucharlo.

¿Cómo podemos conversar con la enfermedad y descifrar el mensaje que nos quiere dar? En primer lugar, debes abrir tu corazón y tu mente. No es el momento de juzgar ni de culpar a nadie. Deja a un lado la rabia, el odio y el miedo. Ábrete a escuchar, aún cuando lo que descubras no te guste mucho. Recuerda el poder sanador del perdón y la aceptación.

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El secreto de un buen conversador es saber escuchar atentamente. Y para escuchar necesitamos estar en silencio. Así que es importante que busques un tiempo y espacio para el silencio en tu vida. Bajar el ritmo acelerado en que vivimos y construir un rincón privado donde poder estar a solas con tus pensamientos, sin distracciones, te permitirá aguzar el oído. Puede ser una caminata en un parque, unos momentos de meditación, o unos minutos en el baño a solas. Lo que funcione para ti, pero hazlo un hábito diario, y acostúmbrate a pedirle a los otros pensamientos que se arremolinan en tu cabeza que te dejen un momento en silencio, para escuchar.

Otra recomendación es usar tu imaginación y comenzar a visualizar a tu enfermedad como un ser vivo. Puede ser un ser humano, una mascota, un personaje de comics o de la TV. Lo que funcione para ti. La idea es que sea algo concreto para que puedas hablarle y escucharlo más atentamente. Cuanto más detallada sea esa imagen mental de tu dolencia, más fácil será relacionarte con ella de manera efectiva.

Una vez que tu enfermedad tenga forma y nombre, comunícate con ella. Sí. Háblale, conversa con ella, pregúntale lo que quieras saber: ¿De dónde vienes? ¿Por qué estás aquí? ¿Estoy haciendo algo que te mantiene aquí? ¿Qué necesitas que cambie? Indaga todo lo que quieras saber y deja que te responda. Si puedes haz las preguntas en voz alta y préstale tu voz para que responda. Escucha lo que dice. A lo mejor no tiene mucho sentido en ese momento para ti, pero toma nota. También puedes escribirle una carta, hacerle una entrevista o llamarla por teléfono. De nuevo, lo que funcione para ti, lo que resuene contigo.

Simplemente escucha, atentamente. Tal vez te sorprendas de lo que vas a descubrir. Trata con respeto la información que recibas, tómala en consideración y haz los cambios necesarios en tu vida. Usa lo que aprendas para avanzar, curar y crecer.

 



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