Atraemos lo que somos

c0463a74730bd2dbab86cbb4dec094a0_XL

¡Me encanta recorrer las librerías! Y en estos paseos “de biblioteca” me ha llamado la atención lo bien que se ha explotado la famosa Ley de la Atracción. Creo que ni la legendaria Connie Méndez, famosísima autora de libros de metafísica, sospechó que lo que tanto habló en sus días hoy daría para esta cantidad de páginas que prometen que atraeremos lo que deseamos. ¡Y es verdad! Pero una verdad tan simple, que para justificar tantas páginas de tantos libros la han complicado demasiado. Por eso, trataré de sintetizar lo que debemos tener en cuenta sobre esta ley universal, la más popular por estos días y ofrecida como el gran secreto.

Chica meditando a la orilla de un lago

Nuestras vibraciones atraen lo que pensamos y sentimos, especialmente lo que sentimos. Es decir, que finalmente nos rodeamos de personas y cosas que se parecen a nuestra forma de pensar y sentir. Mientras más clara esté nuestra mente de lo que queremos y más livianos nos sintamos emocionalmente, es decir, más desprendidos de emociones dañinas, más probabilidades tendremos de alcanzar nuestra meta.

En muchas ocasiones, aun cuando aprendemos a enfocar nuestros pensamientos en algo determinado, nos quedamos a mitad de camino al permitirnos que la frustración, la ansiedad o el miedo en general, nos alejen de lo que queremos en lugar de atraerlo.  Si es así, entonces, la tarea pendiente es dejar de manipular tantos pensamientos que, de tantos intentos, terminan por frustrarnos. Mejor probemos simplificar nuestra forma de pensar. No nos enredemos tanto en analizar y especular, sino trabajemos más en torno al agradecimiento. Cuando nos permitimos agradecer de antemano lo que queremos, dándolo como un hecho consumado, las emociones espontáneamente se equilibran y dejan fluir la paciencia, la confianza y la certeza.

Lo pondré aún más simple. Las mentes sencillas atraen maravillas; las mentes complicadas, aunque tengan la mejor instrucción, las alejan. ¿A qué lado está tu mente?