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Autosaboteándonos

Autosaboteándonos

Cuántas veces nos hemos encontrado diciéndonos “esto no me va a pasar otra vez, voy a controlar la situación antes de que me suceda de nuevo”.  Situaciones en las que postergamos una entrega de proyecto, una actividad (arreglar los clósets, planchar, revisar las cajas que tienen mil años en el sótano y no sabemos qué tienen dentro), una conversación, la dieta, hacer ejercicio, las resoluciones de año nuevo, en fin, paremos de contar.

Los especialistas llaman a estos comportamientos de muchas maneras: obstaculizar nuestro propio camino, comportamiento de autoderrota, miedo al éxito, dispararse en el pie. No importa cómo lo llamemos, si tenemos un objetivo, meta, actividad y hacemos que no suceda por flojera/pereza, porque nos da fastidio, porque adelantamos mentalmente la inmensidad de la tarea, porque nos falta chispa para comenzar, porque tememos a los resultados… no estamos cooperando con nosotros mismos.

Hay muchas razones por las cuales podemos autosabotearnos. Una es cuando establecemos estándares muy altos y no podemos cumplirlos. Por ejemplo, querer ir al gimnasio cinco días durante la semana. Vamos el lunes, el martes, pero el miércoles se complica la situación y no vamos. El jueves vuelve a pasar. Sentimos que no somos capaces de mantener el ritmo o estándar y abandonamos. Otra razón es la falta de control. A veces sentimos que es preferible no intentar a sentir que no podemos mantener en orden una situación.

Otras veces no intentamos porque nos sentimos impostores. En la medida que tenemos más preparación, más responsabilidad o nuestro perfil es público podemos sentir que si no logramos lo esperado o establecido podemos caer bajo la lupa del escrutinio. Por lo tanto, podemos ser considerados un fraude. Por eso tratamos de hacer tan poco como sea posible de manera que nuestra “incapacidad” no sea revelada.

En algunas ocasiones el autosabotaje está asociado con el trabajar bajo presión. Muchas personas dicen que dan lo mejor de sí mismas cuando dejan todo para el último momento porque la creatividad se despierta. Yo creo que lo que se despierta es el estrés. Muchos estudiantes y profesionales se pueden ver reflejados este espejo.

Otras personas usan un chivo expiatorio para responsabilizarlos del sabotaje que se causan. Buscan una pelea, un enfrentamiento creando caos, quedándose en lo superficial en lugar de apersonarse de la situación.

Otras personas se autosabotean por el aburrimiento, el fastidio que les produce saber que tienen que iniciar una tarea. Saben que tienen que hacerlo, pero el comenzar … les produce tedio y hasta cansancio mental sin haber gastado una pizca de energía.

Cualquiera de los elementos anteriores puede tendernos la trampa de la postergación y hacer que nos distraigamos de las metas. Es más fácil estar revisando Facebook, Twitter, las noticias, los correos electrónicos, ver la televisión, crear conflictos que agarrar el toro por los cuernos en el momento presente.

Lo importante es que identifiquemos las razones de nuestro diferir, del comer por estrés, del dejar de hacer ejercicio, de abandonar la dieta, de evadir recurriendo a las drogas, sexo, alcohol o juegos. Cada caso es distinto; no hay varita mágica para desaparecerlo. Cada persona y su autosabotaje puede ser ocasionado por razones diferentes. Es cuestión de observarnos a nosotros mismos y a nuestras circunstancias.

¿Flores para el autosabotaje?

Hornbeam si dejamos todo para el último momento porque nos da tedio el comenzar. Nos encenderá la chispa para arrancar de una vez por todas.

Rock Water si en la búsqueda de la perfección y de lo que queremos proyectar nos retrasamos en los logros. Nos ayudará a entender que lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Elm si perdemos la confianza temporalmente al abrumarnos con la cantidad de cosas que tenemos que hacer. Nos ayudará a jerarquizar las tareas y a establecer prioridades.

Chestnut Bud si repetimos las situaciones una y otra vez en nuestras vidas sin aprender de ellas. Nos permitirá prestar atención para no caer siempre en lo mismo.

Nadie es perfecto. Además, el mundo sería monótono si no hubiese las excusas por las cuales postergamos. No habría perros que se comen los cuadernos donde estaba la tarea; no habría bebés que aprendieron a usar las tijeras y cortaron el documento que debíamos entregar; no habría operadoras de internet que no trabajaran en su servicio a la hora precisa que tenemos que enviar la asignación por Dropbox o por correo electrónico; no habría parejas enfermas que tosieran toda la noche y no nos dejaran descansar para poder llegar al trabajo y hacer la presentación que teníamos planificada; no se enfermarían los familiares con tipos de virus intergalácticos que hacen que no hagamos dieta y ejercicio porque debemos cuidarlos; no caería hielo seco desde un avión que sobrevolaba el vecindario matándonos del miedo y dejando de asistir a clases.



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