Cincuenta, Sin cuenta. Aprender a celebrar la vida

Ahora, que ya llego a mis cincuenta años, sin cuenta pendiente, hago una serie de consideraciones, y me propongo día a día aprender a celebrar la vida.

Por  allá cuando cumplía mis 15, pensaba que al llegar a los 50 años sería una señora muy mayor. Al tener 50 años sería lo que llamábamos una “vieja”. Ahora, pisando mis 50, siento que soy una persona con mucha juventud, y con mucho por aprender todavía.

Sin cuenta que me angustie en estos 50, porque creo que he logrado aprender de cada situación que he vivido. Realmente me siento tranquila con mis años, y sin decir que me siento como de menos edad, porque me siento feliz con esta edad.

Me gusta estar cumpliendo 50 años, con salud y energía para seguir adelante; aprendiendo y disfrutando cada momento que me toque vivir.

Soy de la generación que pasó su adolescencia sin equipos electrónicos, pero que cuando llegaron pudimos adaptarnos a ellos fácilmente.

De esa generación que en 1980 bailamos “In concert 80”, para celebrar la nueva década. De los que en 1986 amanecimos esperando la aparición del Cometa Halley. Aquellos que trabajamos por minimizar los efectos de Y2K en 1999, esperando el nuevo siglo.

He vivido muchas cosas buenas, y sé que aún me quedan muchísimas cosas buenas por vivir. viví también muchas cosas que me han dolido, que me han ayudado a ser más fuerte. He tenido ganancias, y también muchas pérdidas. Unas han dolido mas que otras, y de todas he aprendido.

Me gusta la persona que soy, porque he aprendido a diferenciar que cosas son importantes, y cuales debo dejar de lado.

Ninguna cosa de la cual arrepentirme, porque sé que todo lo que hice, en el momento en que lo hice, sólo pude hacer eso, con los conocimientos que tenía. Volver al pasado tampoco me gustaría, porque sólo el presente es lo que quiero vivir. Ya lo vivido, dejó el aprendizaje que debía dejar.

Me proyecto hacia el futuro con mucha esperanza, porque sé que cada día hay mucho más por aprender, y mientras tenga la posibilidad de aprender, me sentiré joven.

50 años de aprender

Cumplo mis 50 años, sin cuenta pendiente. Porque he aprendido a saldar todas las cuentas que conmigo misma tenía. He aprendido a permitirme perdonar y perdonarme, a dejar fluir las cosas sin querer apresurar. He logrado entender que lo único valioso es el presente que tenemos, porque es lo único cierto. Aprendí que el pasado debemos soltarlo, para quitarnos esa pesada carga y poder avanzar. Se que el futuro es tan incierto, que nadie lo tiene asegurado.

He aprendido que la felicidad es más que un destino, es la actitud con la cual asumimos cada momento. La felicidad es más que una meta, es decidir cada día que queremos estar bien. Ser feliz es hacer cada una de las actividades que nos proponemos con alegría, con ganas de hacerlas. He ido aprendiendo como ser una mejor persona cada día.

Ahora sé que puedo llorar, que muchas veces es necesario llorar, y eso está bien. Que llorar alivia y puedo seguir siendo una persona feliz, aunque tenga momentos tristes.

Mi consigna en ésta nueva etapa es: “Un día a la vez, confío que Dios me lleva donde su bondad me protege”. Quiero seguir mejorando, quiero seguir aprendiendo.

Mucho por aprender aún, mucho por vivir aún, mucha juventud aún. Bienvenidos mis Cincuenta, sin cuenta pendiente. Cumplo mis 50 años con ganas de seguir en el camino de aprender a celebrar la vida.

Septiembre 1967/2017



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