Cómo aprender a decir no y poner límites

Vamos a desarrollar y explicar una técnica que los antiguos egipcios manejaban muy bien: la técnica del NO. ¿Recuerdan las esfinges donde los personajes aparecían siempre de perfil? Imagina ahora esa misma imagen moviendo la cabeza de derecha a izquierda, y viceversa.

La técnica del NO significa poner un límite, un cerco más allá del cual no se puede pasar.

Sin embargo, la mayoría de los seres humanos mantenemos con muchísimas personas a lo largo de nuestra vida unos lazos casi invisibles, como unos hilos que nos van atando y amarrando. Por eso a veces, muchos sentimos que somos manejados, como si fuésemos marionetas activadas por las emociones y las cosas que quieren las otras personas.

El poder personal, el desarrollo de una buena autoestima y de una motivación permanente dependen, en gran parte, de aprender a decir que NO.

El decir que NO cotidianamente cuando no estamos de acuerdo, no queremos o no coincidimos con lo que se nos propone es parte del entrenamiento que necesitamos los seres humanos para aumentar la estima personal. Seguramente conoces personas que están acostumbradas al sí fácil, fundamentalmente por no quedar mal con los demás, o por miedo a que no los quieran. En la mayoría de las ocasiones lo dicen sin pensar en las consecuencias que eso puede traer para ellos.

¿Está mal decir que sí a todo? ¡Para nada si eso te hace feliz! Para darte cuenta, rápidamente puedes preguntarte internamente ¿quiero hacer esto?, ¿estoy de acuerdo con lo que me plantean?, o lo que resulte conveniente según el caso. Allí tienes solo dos opciones: sí o no. No hay grises. Con base en esto, sabrás los compromisos que asumes y las situaciones que siempre vienen por añadidura.

  • Cómo poner límites

Aquí encontrarás tres formas fáciles, rápidas y sencillas para que podamos empezar a entrenarnos en decir que NO:

  1. No responder de inmediato. Esto significa tomarse todo el tiempo necesario para reflexionar, así sea solo una pausa o un par de horas. Muchas veces respondemos en automático, incluso sobre situaciones de las que no tenemos seguridad de poder cumplir. Esto es frecuente, por ejemplo, en el ambiente laboral: el jefe nos abruma con tareas y no sabemos cómo poner un límite. Quizá ese sea el momento para decirle: “jefe, por favor, ¿me ayudaría a fijar las prioridades? Tengo todas estas cosas para hacer, no quisiera decirle que no de inmediato, pero necesito ordenarlas, ¿me puede ayudar con eso?”. Esta es una muy buena forma constructiva de dar vuelta a la pelota, para sin decir que no, colocar en un sistema de prioridades más efectivo cada una de las cosas que nos han encomendando o las decisiones que tenemos que tomar.
  2. Entrénate en pequeñas cosas. Empezar a practicar el decir que NO en cosas muy pequeñas para, gradualmente, adquirir confianza y seguridad ante situaciones mayores. Un ejemplo frecuente es cuando recibimos una invitación a una fiesta a la que, de antemano, sabíamos que no teníamos ganas ir. Lo más indicado, entonces, en vez de posponer indefinidamente nuestra respuesta, o a veces ni siquiera avisar a la otra persona, es decir que NO de inmediato. Si el vínculo es suficientemente fuerte no pasa nada; no se romperá la relación. El decir que NO, en vez de decir que sí en automático, nos va a devolver muchísimo poder personal.
  3. Frena tus pensamientos negativos. Esto es, decir que NO a nuestras cosas negativas internamente. Cada vez que quiera aparecer un pensamiento negativo debemos recordar que necesitaríamos, por lo menos, entre veinticinco y treinta y tres pensamientos positivos para queden equilibrados.

Entonces, es hora de que pienses qué quieres hacer con esto: deseas decir que sí, postergando tu verdadero deseo y sosteniendo una imagen ficticia todo el tiempo ante los demás, o eliges empezar de a poco, paso a paso, con pequeños cambios microscópicos, para decir que NO y obtener así un gran beneficio en nuestra vida: mayor libertad personal.



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