Cómo manejar una relación tóxica

Cómo manejar una relación tóxica

Por Christine Carter | 18 de mayo, 2017

grandfailure/Adobe Stock

Traducción: Silvia Porraz.

 

La semana pasada almorcé con una amiga. Mientras caminábamos, ella mencionó que debía ver a alguien que no siempre había sido amable con ella, una relación que le provocaba más que nada estrés y sufrimiento. Ella había estado evitando reunirse, pero ahora parecía inevitable.

“Ella me pone tan ansiosa”, dijo, apretando los dientes. Yo he estado en la misma situación. Muchas veces. Las relaciones altamente tóxicas requieren que cortemos todo contacto; otras, aunque también son tóxicas, parecen imposibles de evitar. Quizá tengas una suegra que constantemente te critica, o un vecino que parece haberse atorado emocionalmente en el séptimo grado. Quizá es un jefe que te grita cuando está estresado o alguien que te afecta tanto que sueles tener conversaciones enteras con ellos dentro de tu mente.

Si tú también has luchado con alguna relación tóxica, espero que este pequeño manual de instrucciones te ayude.

  1. Acepta que estás en una situación difícil, luchando con una relación muy difícil

Tus opciones en este caso son bastante limitadas, y, de forma extraña, la aceptación es siempre la mejor opción. Puedes juzgar y criticar a la otra persona, pero eso probablemente te haga sentir tenso y solo. Otra opción sería nutrir tu ansiedad y desesperación porque nunca podrás llevarte bien con ellos, lo cual te hará sentir estresado y triste. Definitivamente, puedes negar su existencia o fingir que no te molestan. Puedes bloquear sus mensajes y emails, y evitar cada situación en donde puedas encontrarlos.

Todas estas son tácticas de resistencia, y no te protegerán. Irónicamente, estas tácticas le permitirán a la otra persona incrustarse aún más en tu psique.

Lo que sí funciona es aceptar que tu relación con ellos es superdifícil, y también que tú estás tratando de volverla menos difícil. Esta amable aceptación no significa que estés resignado a una vida de miseria, o que la situación nunca mejorará. Quizá lo haga, quizá no. Aceptar la realidad de una relación difícil nos permite volvernos más suaves. Y el hacer esto abrirá la puerta a tu propia compasión y sabiduría.

Créeme: Vas a necesitar esas cosas.

  1. La otra persona probablemente te diga que eres la causa de todos sus malos sentimientos

Esto es falso. No eres responsable de sus emociones. Nunca lo has sido, y nunca lo serás. No tomes la responsabilidad por su sufrimiento; si lo haces, ellos nunca tendrán la oportunidad de tomar responsabilidad de sí mismos.

  1. Di la verdad

Cuando mientes (quizá para evitar molestarlos), te vuelves cómplice de crear y mantener su realidad, lo cual es venenoso para ti. Por ejemplo, puede que te pregunten si se te olvidó invitarles a una fiesta. Fácilmente podrías decir sí, que por error no recibieron la invitación electrónica y preguntar si chequearon su correo basura.

Pero mentir es muy estresante para los seres humanos, quizá la cosa más estresante. Los detectores de mentiras no detectan mentiras, sino el estrés inconsciente y el miedo ocasionado por mentir. Esto no hará que la relación sea menos tóxica.

Muy probablemente no les gustará tu nuevo yo que dice la verdad —y eso puede hacer que te eviten en el futuro. Esto puede ser algo bueno.

Así que, en vez de eso, di la verdad. Asegúrate de estar diciéndoles la verdad en vez de tus juicios, o lo que te imaginas que es cierto para otras personas. No digas “no te invité porque el que fueras iba a estresar mucho a mamá” o “no te invité porque eres una manipuladora reina del drama que seguramente encontrará la forma de hacer que toda la tarde se centre en ti”.

En su lugar, diles tu verdad: “cuando estás en mi casa, me siento inquieto y nervioso, y no puedo relajarme, así que no te invité a la fiesta. Siento haber herido tus sentimientos”.

Requiere valor el decir la verdad, porque a menudo hace que la gente se enoje. Pero de cualquier modo probablemente van a estar molestos contigo, sin importar lo que hagas.

  1. Si te sientes enojado o temeroso, enfoca tu atención en tu respiración y no hables (o escribas) a la persona hasta que te sientas calmado

Es normal que quieras defenderte a ti mismo, pero recuerda que la ira y la ansiedad te debilitan. Confía en que calmarte a ti mismo es la única cosa efectiva que puedes hacer ahora. Si necesitas retirarte, hazlo y sal. Incluso, si resulta embarazoso o deja colgadas a las personas.

  1. Ten piedad

Anne Lamott define la piedad como bondad radical reforzada por el perdón, y nos permite transformar la dinámica comunicacional, incluso, cuando interactuamos con alguien sumido en la ira o el miedo o los celos. Hacemos esto al ofrecerles un regalo desde el corazón. Probablemente no puedas deshacerte de tus pensamientos negativos sobre ellos, y no puedas cambiarlos, pero puedes hacer un esfuerzo para ser una persona amorosa. ¿Puedes ofrecerles una taza de café? ¿Puedes hacer un espacio para su sufrimiento? ¿Puedes enviar una meditación de bondad amorosa hacia ellos?

El perdón lleva esta bondad hasta otro nuevo nivel. Yo solía pensar que no podría perdonar a alguien que me había herido hasta que me pidiera perdón, de preferencia a través de una emotiva carta de disculpa llena de remordimiento.

Pero he aprendido que para sanarnos a nosotros mismos debemos perdonar sin importar si nos han pedido perdón, y sin importar si la persona aún nos sigue lastimando o no. Cuando lo hacemos, nos sentimos más felices y en paz. Esto implica que quizá necesites perdonar a la persona al final de cada día, o en los días malos, o a cada hora. El perdón es una práctica continua, no algo de una sola vez.

Cuando encontramos formas de mostrar piedad, incluso hacia la persona que nos ha costado el sueño, el amor, e incluso nuestro bienestar, ocurre algo milagroso. “Cuando logramos tener un momento de piedad por alguien que no nos gusta, especialmente una persona verdaderamente horrible, incluidos nosotros mismos”, Anne Lamott escribe, “experimentamos un gran momento espiritual, un nuevo punto de vista que nos puede dejar boquiabiertos”.

Este es el verdadero milagro: nuestra piedad regresa a nosotros como un búmeran. Cuando mostramos bondad radical, perdón y aceptación —y cuando decimos la verdad incluso en la relación más difícil— comenzamos a mostrar estos aspectos hacia nosotros mismos. Nos damos cuenta de que podemos amar y perdonar y aceptar, incluso los aspectos más terribles de nosotros mismos, aunque sea por un momento. Comenzamos a mostrarnos la verdad a nosotros mismos, y esto nos vuelve libres.

Y, en mi experiencia, esto hace que todo lo que hemos sufrido valga la pena.

Este artículo (en su versión original en inglés) apareció originalmente en Greater Good, la revista digital de UC Berkeley’s Greater Good Science Center, uno de los socios de Mindul.



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