Cómo superar el estrés viendo la alegría de otros

Cómo superar el estrés viendo la alegría de otros

Por Kelly McGonigal | 12 de julio, 2017

olesyaturchuk/Adobe Stock

Traducción: Silvia Porraz.

 

Una tarde, cuando entraba al salón para dar mi curso Ciencia del estrés, encontré un periódico esperándome en el atril. Un estudiante había traído un artículo llamado “Estrés: es contagioso”. El reporte afirmaba que el estrés es “tan contagioso como un patógeno que se transmite por el aire” y comparaba su toxicidad con el humo de segunda mano.

Como alguien que estudia tanto el estrés como la empatía, me suelen preguntar a menudo por esta investigación. ¿Quiere decir que la empatía es un lastre que incrementa el riesgo de cansancio, depresión o agotamiento psíquico? Si eres altamente empático, ¿estás condenado a convertirte en depositario del dolor y sufrimiento de otras personas? Por ejemplo, la noticia describía un estudio en el cual los participantes experimentaron una respuesta fisiológica de estrés empático cuando observaron las dificultades de otra persona. Uno de los investigadores comentó: “fue sorprendente lo fácil que se transmitió el estrés”.

En vez de tratar de volverte inmune al estrés de otros, aumenta tu capacidad para contagiarte de la felicidad de otras personas.

Una solución es crear barreras emocionales más fuertes —ponerte un traje protector contra el estrés y el sufrimiento porque no deseas contagiarte. He visto a mucha gente adoptar esta postura dentro de las profesiones de ayuda, incluyendo el cuidado de la salud, el trabajo social y la enseñanza.

Si tú también te sientes abrumado por cómo te afectan las emociones de otros, me gustaría ofrecerte otra posibilidad para preservar tu bienestar: duplica tu capacidad empática. En vez de tratar de volverte inmune al estrés de otros, aumenta tu capacidad para contagiarte de la felicidad de otras personas.

Los beneficios de la empatía positiva

Mientras que la ciencia psicológica moderna se ha enfocado en la empatía hacia los estados negativos, un nuevo campo de investigación denominado “empatía positiva” demuestra que también es posible contagiarse de felicidad.

Quizá hayas visto estudios que muestran cómo el ver dolor en otras personas puede activar el sistema de dolor en tu cerebro. Sucede que tu cerebro también resuena con las emociones positivas. Por ejemplo, si observas a alguien tener buena suerte, esto puede activar el sistema de recompensa del cerebro. Más aún, esta clase de felicidad contagiosa puede ser una importante fuente de bienestar. La tendencia a experimentar empatía positiva está asociada a una mayor satisfacción con la vida, paz mental y felicidad. También se ha relacionado con mayor confianza, apoyo y satisfacción en las relaciones cercanas.

Quienes te rodean también pueden beneficiarse de tu felicidad empática. Un estudio examinó la experiencia de la felicidad empática en maestros de catorce diferentes estados de EE.UU. Los maestros que tuvieron  experiencias de empatía positiva hacia sus estudiantes con mayor frecuencia también se sentían más conectados a ellos. Esta actitud positiva condujo a más interacciones positivas con los estudiantes, como observaron los evaluadores en el salón, así como mayores logros académicos de los estudiantes.

Algo importante, la empatía positiva no solo te hace sentir bien; también puede inspirarte a hacer el bien. La tendencia a sentir felicidad empática está asociada a un deseo más fuerte de ayudar a otros a mejorar, así como una mayor disposición a llevar a cabo acciones al respecto. La empatía positiva también activa esa sensación cálida que experimentas cuando ayudas a otros —lo cual hace que la compasión sea mucho más sostenible.

Busca pequeños momentos de alegría

Alegría es una palabra que suena grande, así que tendemos a buscar expresiones típicas de una “gran” alegría —grandes sonrisas, exclamaciones de gozo, abrazos y ovaciones. El tipo de alegría que asociamos con ganar la lotería y las propuestas de matrimonio.

Sin embargo, alrededor de nosotros existen otras formas de alegría. Conforme comiences a buscar la alegría, comenzarás a notarlas cada vez más. Está la alegría de los placeres simples o sublimes, tales como disfrutar una comida deliciosa, escuchar música o saborear cómo se siente el cargar un bebé en brazos. Está la alegría del propósito, y cómo se siente el contribuir, trabajar duro, aprender y crecer. Está la alegría de estar conectado con algo más grande que tú mismo, ya sea en la naturaleza, la familia o la fe. Está la alegría de querer saber —ser curioso, experimentar nuevas cosas y sentir asombro o sorpresa.

Está la alegría de ser reconocido y apreciado por otros —percibir lo que puedes ofrecer, y saber que importas. Está la alegría de ser la mejor persona que puedes ser— lo bien que se siente poner tus fortalezas al servicio de algo que te importa, o expresar tus valores más profundos. Está la alegría de que tus necesidades sean atendidas —que te ayuden, escuchen o ser reconfortado por un abrazo. Está la alegría de reír, especialmente la risa compartida, y más aún reír con alguien cuando todo parece estarse desmoronando.

Estas son solo unas cuantas de las alegrías posibles que puedes presenciar. Cuando estás atento a ellas, aprendes mucho sobre cuántas posibilidades existen para estar alegre en momentos ordinarios, incluso en circunstancias difíciles.

Finalmente, esto es lo que pienso sobre la felicidad empática: es un recurso que te permite seguir involucrado con la vida, no solo cuando las cosas van bien, sino también cuando son difíciles. No es solo una práctica para celebrar y amplificar lo bueno; también nos permite mantener la esperanza cuando enfrentamos la realidad del sufrimiento que no ha sido aliviado y las necesidades que no han sido cubiertas.

Cómo atrapar la alegría

¿Qué pasa si en este momento tu radar de empatía parece estar sintonizado solo para captar estrés y es incapaz de resonar con la felicidad de otras personas? Quizá, incluso, sientas lo contrario a la alegría contagiosa: envidia del éxito de otras personas, aislado por la felicidad de otros, cuando su buena fortuna te recuerda lo que ansías, o lo que te hace falta.

Si este es tu caso, no estás solo. Filósofos y psicólogos han observado que para muchas personas empatizar con las emociones negativas es más instintivo que hacerlo con las emociones positivas.

Afortunadamente, no tienes que confiar solo en tus instintos; la alegría empática puede ser cultivada. Al igual que otros estados mentales, la alegría empática puede ser entrenada deliberadamente como una forma de profundizar tu sabiduría y bienestar. Con práctica, puedes fortalecer tu habilidad para notar, resonar junto con y celebrar la felicidad de otros.

5 prácticas diarias para la alegría

Estas son mis cinco prácticas diarias favoritas para atrapar la alegría. Conforme fortalezcas tu intención de notar la alegría, seguramente descubrirás tus propias formas favoritas de presenciar y compartir la felicidad de otros.

  • Observa jugar a un niño o a un animal. Disfruta su alegría, energía y maravíllate. Permítete sonreír o reír conforme su espíritu juguetón despierta un estado similar en ti.
  • Mira una competición atlética, artística o de otro tipo sin elegir favoritos. Aprecia el esfuerzo o habilidad artística de todos los competidores —celebra la dicha de quienquiera que gane. Siéntete contento por su éxito, y mira cómo celebran con otros. Observa si puedes extender tu alegría empática a cómo comparten ese momento con amigos, familia, entrenadores o compañeros de equipo.
  • Ayuda a alguien más a celebrar su felicidad. Si alguien comparte contigo buenas noticias, pídele que te cuente más sobre ello, y escucha con el corazón abierto. Si te das cuenta de algún logro o mérito en la vida de una persona, escríbele un email o un comentario en Facebook felicitándolo. Ve más allá de las felicitaciones formales, y siente en verdad la alegría de ayudar a otro a saborear algo positivo.
  • Sé testigo de la bondad en otros. Hazte el propósito de notar cuando otros muestran fortalezas de carácter como bondad, honestidad, valor o perseverancia. Disfruta observar el bien. Siente cómo tu corazón se regocija con lo que observas. Deja que sus acciones te inspiren a hacer algo bueno.
  • Deja que alguien haga algo lindo por ti. Esto puede no parecer una práctica de alegría empática, pero se transforma en una cuando comienzas a prestar atención a qué tan feliz hace a la otra persona. En ocasiones nuestra propia incomodidad al recibir cariño, o el temor de ser una carga para los demás, nos impide observar esa felicidad.

Como Pema Chodron escribe en The Places that Scare You (Los lugares que te asustan):

Regocijarse por cosas ordinarias no es sentimental o trivial. De hecho requiere valor. Cada vez que dejamos de lado nuestras quejas y permitimos que la buena suerte diaria nos inspire, entramos en el mundo del guerrero. Podemos hacer esto incluso en los momentos más difíciles. Todo lo que vemos, escuchamos, saboreamos y olemos tiene el poder de fortalecernos y elevarnos.

Desde este punto de vista, se vuelve posible abrir tu corazón a lo que puedes experimentar, al principio, como una vulnerabilidad. Para dejar que tu capacidad empática natural te conecte tanto al dolor como la alegría de otros, confiando en que esta capacidad es una bendición, no un lastre.

Este artículo (en su versión original en inglés) apareció originalmente en Greater Good, la revista digital de UC Berkeley’s Greater Good Science Center, uno de los socios de Mindful.



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