Con pasión y compasión

Compasión es con – pasión.

El término compasión, en el contexto de la espiritualidad, es una palabra que se presta a muchos equívocos. Para empezar, es una traducción del sanscrito al inglés y luego al español, de un concepto que pretende circunscribir en una sola palabra un profundo y complejo sentimiento o más bien suma de ellos, producto de un largo trabajo disciplinado sobre sí mismo y sobre las propias emociones negativas.

Quizá el término más inmediato que acude a nuestra mente y tal vez el más adecuado, sea simplemente amor, pero tampoco esa palabra por sí sola, logra transmitir toda la profunda sensación de unión, indivisibilidad, compenetración y por supuesto el mismo sentimiento amoroso que acompaña a estas y otras emociones similares y que, juntándolo todo, lo quiere definir y englobar la palabra compasión. Obviamente la palabra compasión implica un sentimiento amoroso, pero tiene unos matices y connotaciones que amplían el concepto a su más alto nivel de significado.

Uno de los errores más graves y más frecuentes es confundir compasión con lástima. Muy por el contrario la lástima es un enemigo de la compasión. Confunde este noble sentimiento con débil, inoperante e ineficaz sensiblería. De hecho la compasión tiene varios enemigos, que la debilitan y la merman, y no todos en están en el bando de emociones opuestas.

con-pasionDentro de los enemigos de la compasión que actúan de manera opuesta a ella están, entre otros, la crueldad, el egoísmo y la indiferencia. La crueldad por la satisfacción o placer por el daño ajeno. El egoísmo, por ser capaz de aceptar y transigir con cualquier cosa, con tal de obtener la satisfacción de un deseo propio, sin importar el dolor o sufrimiento que como consecuencia se pueda generar. Por otra parte, la indiferencia, hermana del egoísmo, implica un estado mental en el cual se permanece aislado del entorno, evitando contactar emocionalmente con cualquier sentimiento que pueda generar inquietud o desasosiego. La indiferencia, es un método de aislamiento físico y emocional.

Sin embargo, la compasión tiene enemigos que parecieran estar dentro de su propio bando. Ya nombramos la lástima como uno de ellos. Otra emoción similar es la mojigata y lejana sensiblería, que se limita a ver los acontecimientos y experimentar la emoción de rechazo, pena o desaprobación, pero sin nunca involucrarse ni hacer nada para intentar disminuir el dolor o sufrimiento ajeno. La compasión es una emoción activa, que promueve y actúa de manera segura y firme, tratando de hacer lo posible, y que este a su alcance, para evitar o disminuir el dolor ajeno.

La emoción de la compasión, esta imbuida de profunda unión y amor, pero tiene una cualidad activa, de acción, que la diferencia claramente de ser un simple y lloroso espectador de los acontecimientos.

La compasión puede ser directa, dura y exigente, incluso con aquel que padece el dolor. La compasión puede entender que la mejor manera de manifestar el amor es precisamente con el acicate de infundir la fuerza necesaria para que aquel que sufre pueda encontrar por sí mismo la salida a su dolor. La empatía con el sufriente, siempre plena de sentimiento amoroso, se puede manifestar activamente de muchas formas.

Existen otras dos emociones que sabotean la libre expresión y manifestación de la compasión humana, el miedo y la pereza. El miedo es una emoción negativa, que cuando pierde el sentido natural de su existencia, deja de ser una emoción de protección para convertirse en un lastre o freno para la ejecución de cualquier actividad. La compasión se ve detenida ante el avance de un miedo inapropiado o excesivo.

Por otra parte, la pereza es una emoción negativa que habitualmente no es relevantemente considerada, sin embargo, puede convertirse en el peso muerto que impide todo progreso. La pereza puede llevar a postergar la acción que la compasión comprende claramente que debe realizarse.

Resumiendo, la compasión implica empatía, unidad, indivisibilidad, solidaridad, imposibilidad de sentir el sufrimiento como ajeno, acción, valor, coraje, desprendimiento, diligencia, seguridad, fortaleza y por supuesto amor. Siendo esto así ¿cómo podemos educar a nuestros niños sin enseñarles la verdadera compasión?



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