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Crianza respetuosa y límites. Entrevista a Louma Sader

Hoy continuamos con el recorrido sobre opiniones de diferentes especialistas, autores, madres y padres blogueros hispanohablantes, orientados hacia la construcción de nuevos paradigmas de educación y crianza, en este especial sobre límites, disciplina en la crianza respetuosa que iniciamos la semana pasada.

En la entrega anterior publicamos la entrevista a Mireia Long y Azucena Caballero de La Pedagogía Blanca. En esta oportunidad, indagamos la opinión de Louma Sader, creadora de la Comunidad Amor Maternal y autora de Reflexiones sobre Crianza Respetuosa.

Disfruten la entrevista.

Louma-Sader¿Qué importancia tiene para la educación emocional y social de los hijos el reconocimiento de los límites y cuál es nuestro papel como progenitores o educadores en esta tarea?

Creo que los límites tienen una importancia primordial desde todos los puntos de vista. Para mí los límites pueden ser divididos en cuatro clases:

  • Los límites naturales o inherentes a la realidad del niño: Por ejemplo, su estatura y no poder alcanzar algunas cosas que estén en alto, su capacidad para trepar, caminar, correr. El largo de los días, la capacidad adquisitiva de su familia, etc. En este caso, el papel de los padres y educadores es el de ayudar al niño a comprenderlos, aceptarlos sabiendo que pueden cambiar con el paso del tiempo.
  • Los límites de respeto: Por los demás, por el propio cuerpo, por nuestras pertenencias y las de los demás, etc. En este caso nuestro papel es el de marcarlos de forma amorosa y respetuosa con el niño, enseñándole lo que según nuestras creencias es adecuado y aceptable o no. Por ejemplo, en nuestro hogar no se permite pegarle a los demás, es un límite de respeto y todos lo respetamos.
  • Los límites de seguridad: Aquí hablamos de cruzar la calle tomados de la mano, usar el asiento de seguridad del auto, meter los dedos en los enchufes, beber sustancias tóxicas, etc. Por más apetitosa que parezca la pasta dental sabor a fresa, la usamos sólo para cepillarnos los dientes, no para comernos medio tubo de postre. En este caso, como en el anterior, nuestro papel sería el de marcarlos, repitiéndolo cuantas veces sean necesarias para que el niño lo comprenda y entretanto, tener las cosas fuera de su alcance, resguardando su seguridad.
  • Los límites verticales o impuestos: Estos son los clásicos límites que comúnmente nos indican que debemos imponer a los niños, esos límites “porque yo lo digo”, “porque sí”, etc. que sólo buscan fomentar la obediencia ciega e imponer autoridad por encima del niño. No estoy de acuerdo con ellos, creo que siempre hay una manera sana de hacer entender o marcar los límites anteriores, necesarios y creo además, que fomentar la obediencia ciega -tal y como lo estipuló Milgram en sus conocidos experimentos– puede ser algo muy peligroso.

¿Cuál es tu posición sobre los sistemas de castigos  y premios (nalgadas, el un dos tres, tiempo fuera o silla de pensar, cartelera de puntos, estrellitas y caritas sonrientes) para educar o criar a los niños?  

Creo que son innecesarios; si bien podrían conducir al niño hacia un cambio de conducta que deseen sus padres o educadores, lo harían al coste de que esta modificación tenga como base el conductismo y la búsqueda de premios, o el evitar un castigo. Es decir; el niño no aprende a comportarse adecuadamente por una razón válida (no pegamos a los demás porque debemos respetarlos, porque no es amable, porque les hace daño, etc.), sino por temor a un castigo o deseo de obtener una recompensa. Con el paso del tiempo, estos se vuelven cada vez más inefectivos -como todos los castigos- por lo cual se crearía la “necesidad” de que fueran cada vez más severos, y yo me pregunto: ¿para qué? ¿No es más amable y más sencillo, simplemente explicar la raíz de las cosas, aunque eso requiera respeto, comprensión, amor, empatía y toneladas de paciencia y que el niño sepa por qué ha de aprender o evitar determinados comportamientos? ¿Es esto lo que queremos para nuestros hijos?

Si no pego ni castigo ¿cómo le pongo límites a mi hijo?

Con amor, paciencia, comprendiendo su etapa evolutiva y de desarrollo, en lenguaje sencillo, con mucha repetición. Cuando hablamos de límites de seguridad o respeto, lógicamente es indispensable actuar con firmeza y rapidez cuando se presenten situaciones adversas: Si un niño se lanza a la calle a cruzar solo, lo cogemos en brazos de inmediato y lo traemos a la acera, una vez calmados los dos -a los pocos minutos probablemente- le explicamos por qué no puede hacerlo. Evidentemente no podemos ponernos a dialogar en caliente, ni en medio de la calle, y lo más probable es que ni nos oiga el niño si está privado llorando.

 ¿Según sea la edad, cómo podemos ayudarles a reconocer dichos límites de una forma respetuosa hacia su integridad como persona?

Si conocemos la etapa evolutiva en la cual se encuentra el niño, sabremos qué puede comprender y qué no. No tiene sentido esperar de ellos un razonamiento lógico, por ejemplo, antes de que estén capacitados para ello (según Rosa Jové – psicopediatra y autora – el razonamiento básico se instaura entre los tres y los cuatro años, y la lógica concreta entre los seis y los siete en adelante). Así que tiene sentido adecuar lo que estamos diciendo a la edad del niño, saber a qué esperarnos, y lógicamente, comprender que hay situaciones en las que su naturaleza curiosa y su instinto por explorar y descubrir su entorno serán más intensas que nuestras palabras, por lo que es recomendable cubrir los enchufes, adecuar el espacio a nuestros hijos, y saber que más adelante, perderán el interés por los tomacorrientes, a la vez que terminarán por comprender que son un peligro, manteniéndose alejados de ellos.

Espera nuestra próxima edición del especial Crianza Respetuosa y Disciplina en la que publicaremos la entrevista a Holanda Castro, profesora universitaria, asesora certificada de lactancia, directora de Club Para Mamás y sanadoras.com



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