De buscador a encontrador

Cuando el río desvía su cauce en aparente lejanía de su océano, exclamas:

– ¡Qué estúpido río! ¿No sabe acaso que el camino recto es el más corto?

Más en consonancia con los pasos de mi Alma en busca de la suya, te digo:

– ¿Acaso albergas tu esperanza en aquello que llamamos destino? Porque si así fuera, excepto la des-gracia de la meta, nada más sucederá en tu fútil viaje.

Comprende una cosa, amigo mío:

Mil veces antes que proclamar: “¡He llegado a casa! ¡He llegado a casa!”, disfrutaré de las maravillas que ofrece el camino.

Mil veces antes que proclamar: “¡He llegado a casa! ¡He llegado a casa!”, caminaré el suelo de la existencia que clama con avidez mi presencia, con los pies sensatos y desnudos.

La mente inventa el tiempo. El tiempo es una ceración de la mente. Entonces encontrarás a aquellos que hablan de las vidas pasadas y del karma. Habrá otros que te cuenten sus historias de planetas inexistentes y de dimensiones invisibles. Y estarán aquellos que se aferren a la idea de un mañana mejor, porque, ¿dónde reside la felicidad, sino en el momento siguiente? Pero toda esta clase de habladurías provienen de la mente, de una mente esquizofrénica que ansía escapar del presente. Esta mente es la amante de las metas, de los logros y su combustible es el deseo y la fascinación.

¿Qué buscas en la fascinación del mundo?

¿Acaso no has notado aún que la imagen y la palabra obran por celos del silencio?

¡Si lo que anhelas es comprensión, sumérgete en el vacío del Sin-Sentido, desprovisto de ojos y de oídos y de lengua!

He visto a muchas gentes fascinadas con otras gentes. Perdidas entre héroes y heroínas, entre ídolos y santos. Hipnotizados por la apariencia y el engaño. Cautivos del deseo de parecer. Ante esta delirante escena sólo puedo echarme a llorar de pena.

Pocos son los que logran la fascinación ante el destello de su propia esencia. ¿Y qué es esta instancia, sino la de la completa presencia?

¿Será que aún no has caído en la cuenta de que el polvo está en tus ojos y no en el espejo que miras?

Cómo la mente sólo puede existir en el pasado o en el futuro, no sabe qué hacer aquí y ahora. En este momento está frente a un problema serio. Es así como la idea de la “iluminación” a conseguir a través del camino de las mil y una técnicas y experiencias, está viciada con el “mal de la motivación”. Toda búsqueda en sí misma es impulsada por esta motivación que carece del estado de presencia. Si hay motivación, existe impulso y este impulso no es más que “la meta” disfrazada de energía de concreción, creando el circuito vicioso de la “evolución inventada”.

Los artilugios del deseo de conquista suelen ser muy sutiles a los ojos de los necios que creen eludir el pensamiento. Sólo cuando la necesidad atraviesa las pupilas del auténtico encontrador, sus propios ojos se convierten en el horizonte anhelado. ¿Qué más que la gracia del eterno encuentro puede acontecer, cuando caes en la cuenta de que eres el camino y los pies y el destino?



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