¿De donde saco paciencia?

La paciencia, definitivamente, es una virtud que le permite a quien la posee mantener la calma en una situación o ante una persona que le resulta adversa. Desde esta definición es clara la dificultad para alcanzarla, porque ¿quién desea permanecer en una situación o tener que convivir con personas que le resultan adversas o le causan malestar? Desde allí lo que deseamos es salir lo más rápido posible.

Obviamente, las diferencias personales entran en juego. Hay personas que poseen una paciencia admirable, mientras que otras se desesperan en gran medida. Hoy quiero compartir unos consejos precisamente para aquellas personas, entre las cuales me incluyo, a quienes les cuesta mucho tener paciencia, no sin antes aclarar que la paciencia no significa apatía, indiferencia o pasividad.

La impaciencia, además, tiene sus niveles. Hay personas que pueden perderla por cualquier tontería y otras que son víctimas de ella solo ante situaciones de gran impacto.

Es decir, puedes ser impaciente por un mensaje de Whatsapp que no llega o por la resolución de un conflicto que afecta a tu país, pero independientemente de lo que haga detonar tu impaciencia hay un planteamiento fundamental que es que el tiempo en el que ocurren las cosas no siempre coincide con el que deseamos. Los tiempos reales no necesariamente se ajustan a los que queremos y esto hay que internalizarlo profundamente.

Dicho esto, a continuación una lista de sugerencias que pueden ayudarte en el desarrollo de esta reconfortante virtud:

  • Desarrollar la capacidad y el entendimiento de observar lo que ocurre como oportunidades de aprendizaje más que como un destino fatal.
  • Para obtener lo esperado muchas veces la inmediatez no es la respuesta, sino la suma de una serie de factores ya que suele ser un proceso más que un suceso.
  • Intenta ir por la vida con menos expectativas y deja fluir o, lo que es lo mismo, espera menos de las situaciones y personas.
  • No trates de transformarte en un héroe de películas y tratar de resolver todo de una vez, la clave es una cosa a la vez, un día a la vez, concentrarse en el ahora.
  • Trabaja la respiración profunda y la meditación para conectarte con tu ser más que con el entorno.
  • Permítete un receso: cuando el agobio se apodere de ti muchas veces suele ser beneficioso aplicar el consejo italiano del dolce far niente, no hacer nada, desconectarte, quedarte en blanco un instante para poder ver todo con más claridad y serenidad.
  • Revisa qué puedes hacer para mejorar la situación y hazlo, pero si la situación te sobrepasa y tu acción de momento no puede modificarla, déjalo ir y entrégalo a Dios o a aquello en lo que tú creas.
  • Intenta encontrar lo positivo de la situación y, aunque te suene absurdo, todo tiene su bendición encubierta, hasta lo más nefasto.
  • Suelta el control: no podemos controlar todo, es absurdo intentar hacerlo porque no somos los dueños del mundo, de las situaciones y de las personas, de modo que la frustración suele ser el resultado cierto de cualquier intento de control que pretendamos aplicar.
  • Ve más despacio, fragmenta tus sueños en escalones, ve más lento para llegar más lejos y recuerda que del apuro lo que queda es el cansancio.
  • Pon más humor en tu vida, trata de buscar lo jocoso de cada situación o por lo menos réstale importancia, recuerda que la percepción es lo que determina lo impactante de cada situación en tu vida.

Todo tiene un proceso, el tema es controlar la ansiedad que se produce por la expectativa ante un resultado, y sustituirla por la visualización positiva y la fe en lugar del desánimo, la frustración o el desaliento.



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