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Dos lecciones de una mamá ejecutiva

Compaginar maternidad y carrera profesional requiere de trabajar sobre nuestras creencias y sistemas de apoyo. Sí es posible, y aquí les cuento mi experiencia.

Más de veinte años de vida corporativa y un poco más de diez como emprendedora han significado un reto para mí como madre. Como muchas de mis colegas mamás ejecutivas, quería tener éxito y destacarme en ambas áreas. Y aun cuando es posible, muchas veces hay que darle prioridad a un área, aunque sea por poco tiempo, sobre la otra.

El mito del multitasking estuvo muy arraigado en mi generación. Y digo mito porque lo es: nadie puede hacer perfectamente dos cosas al mismo tiempo. A lo mejor puedes accionar medianamente, pero para lograr excelencia hay que enfocarse.

Una de las primeras lecciones que hay que aprender es esta: relájate porque no puedes hacer dos cosas a la vez. A mí me costó aprenderlo y, por tanto, viví muchos años estresada porque de veras creía que era posible ser todo el tiempo excelente mamá y excelente ejecutiva.

Hubo períodos en mi carrera cuando debí enfocarme en mi trabajo, viajar continuamente, incluyendo algunos fines de semana. Aprender a compensar con atención de calidad esas ausencias es también sumamente importante. En esos momentos, no existía email o reunión que me apartaran de mi hijo. Aún hoy en día, cuando mi hijo requiere de mí, interrumpo mi trabajo para prestarle atención, así sea que lo que quiere es contarme una anécdota sobre sus profesores en la universidad o sobre la música electrónica.

La segunda lección importante es desarrollar un sistema de apoyo. De esta forma, cuando sea necesario enfocarte en tu carrera profesional, tus hijos y tú no se verán afectados. No solo es ideal la ayuda del esposo, como corresponsable de la crianza de los niños, o del apoyo doméstico de niñeras y señoras de servicio, una de las bendiciones de vivir en Latinoamérica y que ¡extrañamos en el exilio imperial! Me refiero también al apoyo de otras madres ejecutivas que comparten información con nosotras, nos dan una mano cuando estamos atoradas en la oficina o, simplemente, nos sirven de confidentes y consejeras porque comparten nuestros mismos retos y éxitos.

Adicionalmente, al pasar los años, esas mujeres se convierten en las mejores amigas y casi hermanas, aún mas si los hijos de ambas estudiaron juntos o comparten alguna afición artística o deportiva. En mi caso, mi grupo de mamis de la guardería, son aún mis amigas, aunque vivimos en países diferentes y nuestros hijos ya casi se gradúan de la universidad.

El gremio de madres ejecutivas puede ser también una fuente de relaciones de negocios: potenciales clientes, proveedores de bienes y servicios y hasta gente que te ayuda a encontrar nuevos empleados o ¡a conseguir una nueva oportunidad de carrera para ti, cuando tu amiga-mamá-ejecutiva se desempeña como head hunter!

Así que, queridas mamis ejecutivas que se inician en esta hermosa carrera: sacúdanse los mitos y desarrollen esa red de colegas y amigas que pueden apoyarlas, haciendo la labor más fácil y grata.



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