El beneficio de la duda

Aún a pesar de tu rechazo voy a referirme a la siguiente afirmación:

¡La duda es un estado más elevado que la creencia!

Existe un primer paso de fundamental importancia para salir de la fuerza centrífuga que hace a las gentes “caminar en círculos” en torno a un sistema nefasto de referencia fijo: las creencias. El auténtico significado de centrífuga es “que huye del centro”, y esto es precisamente lo que les sucede a aquellos que se aferran a esta “fuerza ficticia” que acaba por apoderarse completamente de ellos, alejándolos cada vez más de su propio Ser. Es ficticia porque en verdad la referencia es fija y, por tanto, “no hay fuerza”.

La duda sin embargo funciona más como una fuerza centrípeta, una fuerza real. Esta fuerza está dirigida hacia el centro y es la necesaria para producir un cambio de dirección. Es en verdad la fuerza necesaria para salir del estado de “constante”.

El paso necesario es el de la rebelión, el de la conquista del propio centro. El de “volver a casa”.

Lo que aporta la creencia es la comodidad, la dependencia. La creencia es una especie de parálisis. Una inmovilización. Creer es vivir hipnotizado. Creer es ser estático. Creer es no experimentar. En la creencia hay más prohibiciones que permisos. En la creencia hay manipulación, esperanza y, por tanto, muchas veces desesperación. Creer es un acto de cobardía. Creer es no crecer. El que cree, cierra los ojos. En toda creencia hay resignación. Creer no es crear. Creer es obediencia. Creencia es la prisión.

Dudar es un acto de valentía. Poner en duda es cuestionar. Profundizar. La duda abre las puertas de la experiencia. La experiencia abre las puertas del Saber. La duda es osada. Atrevida. Trasgresora. Rebelde. El que cuestiona, crece. En la duda se halla la base del crecimiento. Es como el suelo fértil para la semilla de la comprensión. A través de la duda se construye la confianza. Dudar es el cimiento de la confianza. En la duda hay más permisos que prohibiciones. Dudar es crecer. El que duda, abre los ojos. En toda duda hay indagación. Dudar es libertad. La duda es el puente hacia la orilla de la certeza.

Para el hombre que siembra la semilla de la duda, todos los campos son fértiles y de todas sus cosechas obtiene frutos. Su valía se basa en el saber que deviene de la experiencia que se abre camino.

Para el hombre que siembra la semilla de la creencia, lo mismo da esparcirlas en el asfalto. Para este buscador de referencias estáticas, la esperanza es su consuelo y la des-gracia su premiación. Lo es porque la creencia es fija, es inerte. La creencia está muerta.

Estimado lector, lo mejor que puedes hacer para darle crédito a mis palabras es dudar. ¡No me creas, por favor no lo hagas! Pon en duda esto que acabas de leer…

¿Acaso no has oído hablar del beneficio de la duda?



Deja tus comentarios aquí: