El cuerpo es más que un simple envoltorio estético

Recordaba el otro día un episodio de una tía que tratando de mantener una apariencia joven se había hecho una serie intervenciones y tratamientos para mejorar su aspecto. Un día, estando en el supermercado, una niña que estaba con su mamá detrás de mi tía en la fila comentó: “Señora, usted tiene manos de viejita”. De poco valió el esfuerzo y tiempo invertidos, pues la niña, con su inocencia, percibió la edad verdadera, sin preguntas, sin verificar fecha de nacimiento.

Con esta anécdota pretendemos traer a colación que nuestro cuerpo, además de ser nuestra carta de presentación, es un mecanismo de comunicación, un medio de expresión lingüístico y de nuestras emociones. Pero también existe una relación entre las emociones y los estados emocionales y el cuerpo. Mucho habremos leído, o vivido, que estados de tristeza prolongados pueden llevar a somatizar las emociones, al punto de hacer daños al cuerpo que pueden ser desde leves a severos. Existen enfoques médicos orientales, chinos e indios, donde se diagnostican y tratan enfermedades analizando las emociones que viven los pacientes. También existen médicos occidentales que han publicado bibliografía en la cual se presenta la relación directa entre dolencias físicas y emociones.

¿A dónde los estamos queriendo llevar? ¿Qué les queremos invitar a explorar?

Desde el rol de observadores propios y de nuestro entorno es fundamental que nos tomemos el tiempo de, sistemática y continuamente, observar nuestro cuerpo, no sólo en su aspecto externo, sino de su comportamiento en el quehacer diario. ¿Qué sentimos en cada situación particular, cómo es nuestro ritmo cardíaco, cómo es nuestra respiración? ¿Qué estará sintiendo el otro que se mueve o respira como lo está haciendo?

La actividad física es primordial para un adecuado balance con las emociones y con el lenguaje; para ser más efectiva debe ir acompañada de un trabajo interno, de una especie meditación en movimiento, y de intencionalidad combinadas como se hace en el t’ai chi, el yoga o la biodanza.

La invitación es sentir, concientizar, la relación cuerpo-emoción-lenguaje, a estar alertas y presentes de las expresiones de nuestro cuerpo, no como una manera de ocultar dolencias o emociones a los otros, sino como mecanismo de genuino desarrollo personal.

Lo que la boca calla, el cuerpo grita.

  • Dime quién eres y te diré cómo te mueve; dime cómo te mueves y te diré quién eres.
  • En momentos de tensión, te invito a que respires suave, lenta y profundamente ¿Qué pasa con tu emoción? ¿Qué pasa con tu cuerpo?

Existen disposiciones corporales que trabajadas a conciencia, permiten mejor disposición para la acción: centrado, apertura, resolución, flexibilidad y estabilidad. Una adecuada combinación hará que nuestro desempeño personal y colectivo sea óptimo.



Deja tus comentarios aquí: