El ejercicio no solo cura, sino que previene la depresión

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Numerosos estudios han demostrado que el ejercicio es un aliado para combatir la negatividad, el miedo, la preocupación, la ira, la tensión y la ansiedad. Hacer una actividad física con regularidad, independientemente de la edad que se tenga, mejora nuestra autoestima, aumenta la confianza en sí mismo, disminuye la neurosis, mejora el rendimiento mental, estimula la creatividad, mejora el insomnio y ayuda superar la depresión.

Los profesionales de la salud mental han pregonado durante décadas que el ejercicio puede llegar muy lejos en el tratamiento de la depresión. Dr. James A. Blumenthal, profesor de psicología médica en la Universidad de Duke, dirigió un estudio reciente a través del cual descubrió que, entre las 202 personas deprimidas asignadas al azar a diferentes tratamientos, tres sesiones de ejercicio aeróbico vigoroso eran tan efectivas para el tratamiento de la depresión como las dosis diarias de Zoloft. Estos resultados fueron obtenidos cuando se midieron los efectos del tratamiento después de cuatro meses.

Otro estudio mostró que las personas deprimidas que mejoraron con el ejercicio eran menos propensos a sufrir una recaída después de diez meses, en comparación con aquellas que habían sido tratadas con antidepresivos de manera exitosa, y los participantes que continuaron con los ejercicios más allá de cuatro meses redujeron a la mitad las probabilidades de recaer meses más tarde en relación con aquellos que no hicieron ningún tipo de actividad física.

Algunos tienen la creencia errada de que hacer ejercicio solo significa correr o realizar alguna otra actividad física intensa y agotadora. Pero nada más alejado de la realidad. Con tan solo 20 minutos a la semana de actividad física se puede mejorar significativamente la salud mental. En un estudio escocés, publicado en la revista British Journal of Sports Medicine, 20 mil personas fueron interrogadas acerca de su estado de ánimo y sobre qué cantidad de actividad física realizan en una semana. Los resultados mostraron que entre las personas más propensas a realizar algún tipo de actividad incluyendo quehaceres domésticos, jardinería, caminar y hacer deportes es menor el riesgo de angustia y ansiedad.

Otras investigaciones han encontrado que el ejercicio moderado puede en realidad prevenir episodios de depresión en el largo plazo. Incluso pacientes cuya rutina de ejercicio es moderada, treinta minutos de caminata, tres veces a la semana, les ha ido tan bien como aquellos que solo han tomado la medicina. Lo ideal es comenzar a realizar una actividad física que sea fácil y nos resulte divertida; puede ser simplemente caminar o practicar algún deporte que sea de nuestro agrado y si se quiere, a medida que se va ganando resistencia y mejorando la condición física, podemos ir aumentando la intensidad.

El ejercicio cambia el cerebro

Cuando nos ejercitamos se incrementa el nivel de actividad de los neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina. El ejercicio incrementa la producción en el cerebro de una hormona llamada BDNF (del inglés brain-derived neurotrophic factor) o factor neurotrófico derivado del cerebro, como se le conoce en español. Debido a que los niveles de esta hormona disminuyen considerablemente durante una depresión, algunas partes del cerebro comienzan a encogerse con el tiempo dañando la memoria y la capacidad de aprendizaje. Es aquí donde entra el milagro del ejercicio. Se cree que la actividad física reversa esta tendencia, porque permite que el oxígeno y los nutrientes fluyan mejor hacia el cerebro, a la vez que estimula la liberación de este conjunto de hormonas ya mencionadas, protegiendo así al cerebro de una forma en que ninguna otra terapia o medicamento puede hacerlo.

Esto quiere decir literalmente que el ejercicio es medicina. Tal como lo hace una pastilla, este es capaz de afectar la actividad bioquímica de nuestro cerebro, pero de una forma totalmente segura y confiable para nuestro cuerpo. Cuando escuchamos que la depresión está estrechamente relacionada con un desbalance químico del cerebro, inmediatamente creemos que la única forma de superarla es ingiriendo antidepresivos o cualquier otro químico para contrarrestar dicho desbalance.

Es una conclusión aparentemente lógica, pero no necesariamente válida, y yo a través de mi experiencia de vida, puedo dar fe de ello. La medicación no es la única forma que tenemos a nuestro alcance para corregir este desbalance, también lo es el ejercicio físico y unos hábitos de vida saludables, los estudios hechos hasta ahora, así lo demuestran.

Fuentes: “Exercise Not Only Treats, But Prevents Depression” de Therese J. Borchard y Sanar es una Elección de Glenda Travieso.

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