El estado somos nosotros

Me preocupa Margarita (la isla venezolana en donde reside el autor). Mucho. Mil kilómetros cuadrados no son tantos y llenarlos de basura no toma tiempo. Piense en las toneladas de plástico de uso a corto plazo que entran diariamente por frascos, envolturas, bolsas, recipientes desechables; y piense que ni un solo gramo de ellos está saliendo del espacio mas cerrado que puede haber: una isla. Honestamente no se cuál es el procedimiento ambiental correcto para el tratamiento de deshechos plásticos en islas, solo sé que el problema empeora notablemente si ese plástico es lanzado a diestra y siniestra. Si nos da igual en donde termina.

Hay casos evidentes de alto impacto, como por ejemplo, la irresponsabilidad de muchos importadores en el manejo de las envolturas o los basurales de botellas vacías de aceite de motor (¡y de aceite usado!) en que han convertido los pescadores artesanales sus propias zonas pesqueras. Para el tratamiento de estos temas mayores existen leyes, pero de no aplicarse (como es el caso) solo logran ampliar el problema.

lata_playaPero, intuyo igualmente que el problema mas grave somos nosotros. Los de a pié. Los que siempre le echamos la culpa a otros. Los que cometemos delitos “menores”. Los que sacamos la basura en bolsas negras y la ponemos frente a la casa a sabiendas de que los perros de la calle las destrozarán y pase lo que pase nos escudaremos diciendo que no tenemos dinero para comprar un contenedor o trasvasaremos la responsabilidad a un aseo que pasó a destiempo. Los que lanzamos basura por la ventana de un auto o los que no nos atrevemos a reclamar si lo vemos. Los que no recogemos la botella de plástico que otro dejó en su sitio en la playa…

Recientemente murió James Q. Wilson, quien acuñó la famosa “Teoría de las ventanas rotas” en la que se establece que mientras una sociedad no regula los actos punibles menores (un graffiti o un equipo de sonido a alto volumen), la sensación de desorden y vulnerabilidad colectiva la lleva a una espiral ascendente de delitos. Con la contaminación no es diferente. Permitamos el pequeño basurero en la acera de nuestras casas, y habremos abonado el terreno para un serio problema ambiental que, en el caso de una isla, puede llegar a tener consecuencias a largo plazo realmente terribles.

Es hora de comenzar a recomponer los vidrios rotos.

II

contenedor_basuraLograr que de manera colectiva se genere conciencia hacia los deberes que tenemos como ciudadanos, no necesariamente debe pasar por un entrenamiento punitivo basado en multas y castigos. Muy bien lo demostraron los bogotanos cuando tomaron la decisión de agarrar al toro del tráfico por los cuernos y empezaron justamente atacando aquellos delitos que el conductor considera menor, y que al no ser castigados generan, como vimos al inicio de este artículo, un profundo desasosiego y desorden al convencernos de que no hay ley. Comenzaron nuestros vecinos con algo tan simple como evitar que los autos se pararan sobre el rayado peatonal en las intersecciones; y para ello simplemente emplearon mimos que le indicaban jocosamente al conductor su delito. A la vuelta de meses ya no había conductor que usurpara territorio peatonal. Se había logrado sin heridos.

En el caso que nos concierne, la contaminación que nosotros mismos generamos, no tiene porque ser distinto. Imagine por ejemplo, que nos llega una factura de servicios con una pequeña foto que muestra la basura regada en la calle frente a nuestra puerta, y una  nota que indica una multa de 8.000 BsF. En una línea más abajo dice “descuento por primer aviso, 8.000 BsF”. De esa manera no pagaríamos nada, pero quedaría bastante claro que, de no tomar nosotros cartas en el asunto, el golpe para el bolsillo sería tremendo.

En el caso de la playa con islas de basura que ya describimos, imagino muchachos uniformados contratados por las alcaldías que sin discutir ni juzgar, limpien lo dejado por un grupo en lo que noten que levantan campamento y a la vista de todos. Dudo que si usted ve algo así, se atreva a dejar su propia basura.

Finalmente, con respecto a aquellas personas que lanzan basura desde los carros, ya con Renny Otolina o la famosa campaña televisiva de Rumildo, tuvimos casos exitosos de llamados a la conciencia, que pueden acompañarse con el tiempo con una solución ya probada en otros países, como es generar una multa importante y darle al funcionario que la aplica una comisión para incentivarlo a vigilar.

Es muy fácil escudarse en el argumento de que se trata de un problema que debe resolver el Estado, como si el Estado fuese un ente supra ciudadano que no nos pertenece. No, el Estado somos nosotros, y solo nosotros podemos hacer que no colapse.

 



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