El optimismo como una forma de vida

Con frecuencia me pregunto por qué individuos que se han crecido en un mismo entorno social, hogar, padres, principios y valores tienen diferente grado de éxito en la vida. Claro, hablar de éxito me refiero a un concepto que va más allá de la simpleza de relacionarlo con cuanta riqueza logras acumular a lo largo del camino de la vida. Un individuo exitoso para mí es aquel que logra cumplir y disfrutar de manera satisfactoria con todos los roles que la vida le ha asignado. Y es que no necesariamente la riqueza económica es sinónimo de éxito y felicidad.

Todo parte de la manera como cada individuo enfrenta las adversidades que se le presentan. He aquí la diferencia entre el individuo optimista y aquel que tiene tendencias pesimistas.

Pero comencemos por definir el término. Según el diccionario de la Real Academia Española, optimismo es la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable. En mis palabras es como verle el lado positivo de las situaciones a las que nos enfrentamos por más aciagas que estas sean.

Seligman, en su obra Learned Optimism (1990), define el optimismo como la habilidad de ver el cambio de hábitos, rutinas y actitudes no relevantes como un reto alentador por medio de acciones voluntarias.

Puede que haya factores en nuestra vida que no podamos modificar. Por ejemplo, no escogemos el país donde nacemos, quiénes son nuestros padres o nuestro idioma nativo. Sin embargo hay una serie de acciones y opciones cuyo manejo dependen única y exclusivamente de nuestras decisiones. Es así como ante un hecho no favorable podemos tomar acción y asumirlo como un reto –actitud optimista- o por el contrario ceder y dejarlo en manos de otros o del destino.

La vida es una mezcla de situaciones que nos son favorables o infaustas. Pero ¿cómo enfrenta un optimista estas últimas?

Un individuo optimista ve las situaciones infortunas con criterios de temporalidad, autolimitadas en el tiempo o confinadas a un momento específico. A pesar de que no se culpan por las causas, son capaces de responsabilizarse por ellas y diseñar estrategias para solventarlas.

El pesimista piensa que la adversidad es una situación permanente en su vida. Cede con facilidad ante la adversidad, se culpabiliza y minimizan sus esfuerzos.

Pero, ¿es posible cambiar nuestra actitud pesimista?

optimismo-forma-de-vidaEl pesimismo parece estar tan profundamente enraizado en la personalidad de estos individuos que pensamos que podría ser permanente. Sin embargo, Seligman sugiere que es posible cambiar por medio de habilidades que pueden ser aprendidas y que han sido validadas en investigaciones científicas. Tenemos que aprender a pensar y actuar de manera optimista. La manera como pensamos es el factor más importante para enfrentar de manera exitosa o no los eventos que la vida a diario nos ofrece.

Con el pensamiento optimista, aun en situaciones de infortunio, lograremos alcanzar nuestro objetivo. Por el contrario, la desesperanza nos hará ceder ante el obstáculo y seremos presa fácil de la depresión.

Daniel Gil´Adí, en su libro Inteligencia Emocional en Práctica, afirma que existen tres dimensiones que tratan de explicar los eventos que a diario nos ocurren. Estas son:

I. Permanencia del evento: a veces versus siempre

II. Pervasividad del evento: específico versus global

III. Personalización del evento: interno versus externo

Sobre esto hablaremos en la próxima entrega. ¡Hasta entonces!



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