El paradigma de lo fácil

El paradigma de lo fácil
Por Yesmin Sanchez y Jacques Giraud

 

En este instante, en alguna oficina del mundo se repite la historia, un líder le asigna una tarea a última hora del día a un colaborador, no sin antes decir la temida frase: “Eso es fácil”. La última vez que esto sucedió, la tarea “fácil” ameritó un fin de semana de trabajo extra y mucha frustración en el colaborador.

Tal y como señala Rafael Echeverría en su libro Ontología del lenguaje, las palabras que seleccionamos para comunicarnos, tienen una carga emocional y de intención que va mucho más allá de su significado.

Revisando el origen de la palabra Paradigma, proviene del griego paradeima que se traduce como modelo, tipo, ejemplo. Esto nos da una idea de que se trata de una “verdad” compartida por dos o más personas. Por su parte, según el diccionario de Google®, define la palabra fácil como algo que “se entiende, hace o consigue con poco esfuerzo, habilidad e inteligencia”.

En función de lo anterior, podemos identificar cuatro maneras de percibir e interpretar la palabra fácil con una alta connotación limitante.

Una de ellas es utilizar lo “fácil” para manipular y delegarlo, subestimando el verdadero nivel de dificultad que implica. La segunda acepción se refiere a la tendencia a desvalorizar el trabajo de otro, minimizando la importancia de la labor encomendada. En tercer lugar, el uso de este término nos impide profundizar en nuestro trabajo, apostando a la mediocridad y alejándonos de la excelencia. Por último, al utilizar la palabra fácil dejamos de honrar el hecho de que todo tiene su tiempo y su momento.

Tras cada una de estas acepciones del término fácil, subyacen juicios que en ocasiones tienen una base infundada pero que damos por ciertos para no desentonar con el criterio dominante e incluso, algunas veces, de forma inconsciente. Los efectos: una carga emocional que nos desgasta y resta energía para poder acometer con éxito nuestros retos tanto laborables, como personales y hasta familiares.

¿Cuántos malos entendidos pudiéramos haber evitado si hacemos el reenfoque del significado de lo fácil? ¿Cuántas veces habríamos podido dimensionar el nivel de dificultad de una actividad y llegar a consensos mucho más productivos y realistas con el otro?

Entonces, como una forma de apoyarnos como equipo y crecer, propongo elegir ser conscientes de trabajar el uso de la palabra “fácil”, para no activar estos “juicios automáticos” internos que nos sabotean.

Suena sencillo pero requiere tomar acciones correctivas muy concretas: La próxima vez que escuches la palabra “fácil” (dicha por ti o por un tercero) analiza el verdadero significado o connotación que tiene y evalúa hasta qué punto se corresponde con la realidad. Esto amerita un nivel importante de neutralidad, es decir, no dejarnos dominar por las emociones al momento de realizar el análisis.

Ciertamente, en la vida hay cosas que podemos hacer con un mínimo esfuerzo, todos los sabemos, pero usemos sabiamente la palabra “fácil” en nuestro día a día, a fin de honrar nuestros valores personales: Integridad, Generosidad, Conciencia, ya que impacta en el transcurrir de nuestra vida.



Deja tus comentarios aquí: