El peso de tus creencias

El peso de tus creencias

Imagina esta situación: es tu primer día en la universidad y debes escoger entre dos profesores que imparten la misma clase. En principio no tienes mayor preferencia, y ante la indecisión, buscas referencias de otros alumnos y te acercas a la oficina de ambos para darles un vistazo. Uno es un tipo joven que pareciera estar de buen humor. El otro es un hombre mayor y seco, pero tiene fama de ser una autoridad en la materia. Con el primero los alumnos se sienten cómodos y pocas veces reprueban. Con el segundo es más difícil obtener buenas notas, pero dicen que sales con una mejor preparación.

¿Cuál sería tu elección?

A la hora de escoger el peso de nuestras creencias es mucho mayor de lo que pensamos conscientemente. Resulta ser que nuestra mente se las arregla para balancear toda la información que recibe de alguna manera para darle coherencia. El objetivo no sólo es hacer la mejor elección, sino también, alinear nuestras acciones con nuestros patrones establecidos.

¿Qué tiene esto que ver con la escogencia de un profesor?

Si crees que lo importante es pasar el curso sin mucho esfuerzo, quizás te inscribas con el más joven. En cambio, si crees que lo importante es la excelencia académica, puede que vayas a clases con el mayor. Lo interesante es que además de estos argumentos muy racionales, hay muchos otros que corren en el inconsciente y que te inclinan a favor y en contra sin que lo sepas. Por ejemplo, tus juicios sobre la edad, el color del cabello de ambos, la influencia de tus compañeros o el tono de la voz.

Y hay algo más: si ya tienes inclinación por uno de los dos, toda nueva información que recibas pasará por un filtro mental que de alguna forma reforzará esa inclinación. En otras palabras, si ya te gusta uno aceptarás con más facilidad toda información positiva y rechazarás la negativa. ¿Por qué? Nuestra mente lleva muy mal la incongruencia y busca maneras de reforzar sus creencias para sentirse cómoda “estando en lo cierto”.

Ahora lleva esto a la escogencia de una casa, de tu ropa, de tu pareja o de un presidente. En todos estos casos nuestras creencias juegan un papel fundamental, y muchas veces, ese juego ocurre más allá de los argumentos racionales que elaboramos o del proceso de pensar y pensar para decidir correctamente.

¿Y adónde nos lleva esto? En primer lugar a conocernos mejor y descubrir esas creencias a través del autoconocimiento. O como decía un amigo “a no caernos a mentiras”. Retirarle el velo a las creencias y reconocerlas permite saber cuándo están haciendo de las suyas, para bien o para mal.

Pero además te permite ponerlas en duda y evaluar otras. Es una forma de ser más flexibles, y además, de ir evolucionando en nuestra manera de pensar. Las creencias pueden ser un corsé que asfixia nuestro crecimiento personal. ¿Sientes que en ocasiones te aplastan? Si en los últimos tiempos sientes que está cambiando tu manera de ver el mundo, explora esos cambios a nivel de tus creencias. Esto te ayudará a vivir los cambios con mayor libertad.

Así, la próxima vez que tengas que elegir, nuevas creencias te permitirán hacer nuevas elecciones. Y quizás elijas algo que hace años no hubiera sido una opción. Pero ahora esa decisión será más sencilla, y lo mejor, tu mente la aceptará sin tantas complicaciones porque estará alineada con tu nuevo sistema de creencias.



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