El poder sanador de trotar

No soy deportista. Nunca lo he sido. Y lo digo dignamente. Nunca supe lo que es pasar la pelota de la malla de voleibol y jamás pude hacer salto alto sin tumbar la barra. En esa negación estuve 32 años de mi vida. Pero, como bien dicen por allí, tarde o temprano el fin del sedentarismo llega. Y ese día dices: ¡hay que correr!

Me pasó. Pero mis razones fueron casi terapéuticas. Tras mi separación, una mañana me levanté con unas ganas inmensas de salir corriendo. De huir de la tristeza, de la nostalgia, de los miedos y de la frustración que una ruptura te genera. Ese día corrí, corrí y corrí sin mirar atrás, ni tampoco hacia adelante. Sólo concentrada en cada pisada, cual si fuera el aquí y el ahora. Así logré mis primeros 10 minutos.

¡Vaya! Me hizo sentir tan bien esos 10 minutos de “terapia personal” en los que me repetía constantemente “si puedes” “si puedes” “si puedes”, que me dije: hay que seguir. Así logré pasar de 10 min a 15, 20 y alcanzar los 25 min. El día que alcancé mis primeros 2,5K me sentí más grande. E inevitablemente me pregunté: ¿Y ahora qué? 5K, 10K, NK…

La verdad, no pretendo lanzarme un maratón. Pero la idea de ponerme a prueba a mí misma me agrada, me llena de fuerza. Por eso sucumbí al reto de hacer mi primera carrera 5K. Y desde entonces no he parado.

Ya tengo un año en esto de sumar kilómetros a mi favor. Y si me preguntan qué me ha mantenido con los ánimos para continuar, tengo múltiples respuestas según el escenario donde me lo pregunten.

  • La noche antes de la carrera, les diré: “No sé, no sé por qué lo hago. Esto de madrugar un domingo sin guardia cuando uno lo que quiere es dormir hasta las 12 del mediodía. Es un castigo”.
  • En la mañana, antes de arrancar, mi respuesta será: “No sé, no sé por qué hago esto. Tengo dolor de barriga. Me sudan las manos. Como si fuera la primera vez que corriera. ¡Por Dios, qué arranquen!”.
  • Si me detienen en el kilómetro 8, les aseguró que les diré: “No sé, no sé por qué me estoy haciendo esto. Es casi masoquismo. Aquí donde me ves me estoy muriendo. Cristo, cuándo falta”.
  • Si me agarran en la meta, me saldrá algo así como: “¡Lo logré! Soy una campeona. Me duele todo, pero lo hice”. Uno sale de allí sintiendo que se va a comer el mundo. Que no hay reto que sea más grande que tú. Así de exagerado. Claro, después te sale hielo y acetaminofen para sobrevivir. Pero lo lograste.
  • Si me preguntan en un momento de reposo, respondería que corro porque ha sido una manera de retarme a mí misma, porque me ha ayudado a ganar disciplina por primera vez en la vida; porque me ha servido a enfocarme en el “aquí y en el ahora”, pues en la medida que más pienso en cuánto falta más rápido me agoto; porque me ha servido para repetirme una y mil veces “no te impacientes, vas a llegar”; porque ese masaje mental que supone repetirte en el trayecto “si puedo, si puedo, tú puedes dar un poco más de ti” me ha traído hasta acá.

Salud, por este primer año. Y sigamos sumando muchos kilómetros más 😉 #Reto21K



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