El propósito de las emociones

El propósito de las emociones

Ya hemos hablado antes de las emociones. Sabemos que son un estado afectivo, una reacción subjetiva al ambiente que, además, vienen acompañadas de cambios orgánicos, de origen innato, influidos por la experiencia.

Por eso es importante conocer que cada emoción que experimentamos tiene un propósito. Cuando lo reconocemos, podemos usarlas a nuestro favor, como una herramienta para nuestro crecimiento personal y evolución.

Cada emoción tiene una función adaptativa, útil para resolver problemas, controlable y lógica. Aunque a veces puede ser incómoda, lo más importante es que sepas que ninguna implica sufrimiento extremo. También debes saber que cuando no sabemos reconocer nuestras emociones, estas pueden ser perjudiciales. Cuando reaccionamos de manera excesiva, nos puede costar adaptarnos, dificultar la solución del problema, por eso decimos que cada emoción posee un propósito.

  1. El miedo: nos motiva a actuar para evitar consecuencias negativas.
  2. La ira: nos motiva a luchar contra los errores y las injusticias. Además, nos ayuda a poner límites.
  3. La tristeza: nos motiva a pedir ayuda y apoyo a los demás.
  4. La repulsión: nos permite expresar cuando no podemos aceptar algo.
  5. La curiosidad: nos motiva a explorar y a aprender.
  6. La sorpresa: nos inspira a dirigir la atención hacia algo inesperado.
  7. La alegría: nos motiva a querer repetir ese acontecimiento.

De esta manera, cada emoción tiene una razón y una función. Al saber aprovechar su función adaptativa, logramos expresarnos de manera positiva, reafirmar cómo somos y lo que queremos. Saber usar las emociones a nuestro favor es una herramienta de expansión que de alguna manera nos ayuda a reducir las preocupaciones y tensiones que cualquier situación nos pueda provocar, usando nuestros propios recursos y manteniéndonos alerta y centrados en solucionar el problema.



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