El silencio despierto

Tanto ruido nos distrae de nosotros mismos que, la belleza del silencio se vuelve imperceptible. Es entonces cuando, aturdidos y sonámbulos, atravesamos la Vida dormidos. ¿Por qué será que tanto nos entretiene el mundo con sus mil y una formas? ¿Qué nos mantiene atados a ese sinfín de pensamientos encadenados?

La propia acción en un mundo fragmentado como este crea conflicto y  fricción. Esto sucede porque el objeto se confunde con el sujeto. La persona se identifica con las “cosas’ y se des-identifica con su esencia. El Sí Mismo es ignorado, en busca de un sí mismo irreal y ficticio. Nada existe fuera de la unidad de la perfecta fusión con la existencia. Es por ello que todo deseo de identificación crea insatisfacción y sufrimiento. Lo que vemos no existe, excepto en torno a una idea preconcebida de su forma.

Aunque, si vemos la raíz propia de este deseo, podemos afirmar que ese sufrimiento es falso. Su raíz es falsa porque se encuentra engendrada por una idea equivocada de que uno necesita “Ser alguien más”. Lo que se es, no tiene imperfecciones, ni carencias. La carencia es creada por la propia mente. De ahí la necesidad de un silencio despierto. El ojo del que ve parcialmente la Vida, está sesgado por el velo de la imperfección. Esta imperfección es una proyección de la propia insatisfacción hacia lo externo.

Es a partir de la confusión que se crea más confusión. Así el confuso, el que se ve a sí mismo como imperfecto e incompleto, proyectará su búsqueda hacia el entorno y, con ella, su ansiedad. Siempre se da lo que se tiene. El mundo, tal como es, no sabe nada de problemas ni de sufrimiento. Somos nosotros quienes los “creamos”. He visto a muchas personas intentando ayudar a otras. Les dan consejos, les dicen qué es lo mejor para ellas. Hay de ellos, médicos, terapeutas y toda clase de consejeros espirtuales. Observando a estos personajes y a sus “desajustadas vidas”, generalmente cargadas de incoherencias, es posible ver como el caos que les es propio se expande hacia los demás. Reitero que sólo se da lo que se tiene. ¿Cómo puedes dar a otros lo que no te das a ti primero?

Muchos van en busca de respuestas y es sencillamente porque el que hace las preguntas es el Yo Ego. En el silencio profundo del Ser, no hay preguntas. Todo se vive desde la atención, desde la disponibilidad que provee el estar despierto. A esto de la atención libre de tensiones es a lo que llamo “el silencio despierto”. Siendo que el Yo es básicamente el personaje creado a base de la necesidad de identificación con el mundo, toda duda está viciada por esa ficción. Así el “buscador ruidoso” carece de “espacios vacíos” y su capacidad de contener no está disponible. ¿Cómo esperas saciarte de Ser, cuando estás lleno de lo que no eres?

La Conciencia es como el sujeto último. En ese estado de Puro Ser, la duda se desvanece y emerge el silencio despierto. Este silencio es completo y provee seguridad y plenitud. El silencio despierto es la propia Conciencia manifestándose a través del Ser que uno es. Cuando se “eliminan” los moldes, solo contenido queda. El propio molde crea compresión, tensión. Cuando el personaje es desintegrado, la posibilidad de fluir se vuelve realidad. ¿Eres capaz de despertar al silencio interno, o te pierdes en el bullicio del mundo, esparciendo semillas de confusión?

 

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