¿Adónde se va todo mi tiempo?

De pequeña nunca pude comprender al personaje del conejo o del “sombrerero loco” en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas”. Mi pequeña mente no entendía porque andaba tan apurado, echando carreras cada vez que hacía su aparición en el famoso film. ¿Por qué este señor andaba tan apurado? Ciertamente me causaba algo de incomodidad.

Claro que me disgustaba. En el mundo infantil no existe tiempo, los niños nunca andan apurados, solo quieren jugar y ser felices. Jamás imaginé que en algún momento me convertiría en adulto y que el personaje que tanto me incomodaba se apoderaría de mí.

Desde que me levanto pienso en todas las cosas que debo solucionar. Primer error cometido, porque de solo pensarlo ya le estoy dando una vuelta entera a la manija de mi reloj. Ese pensamiento obsesivo de todas las cosas que tengo que solucionar durante el día no me deja establecer objetivos claros y concretos. Se cansa una desde que amanece.

Es más he llegado al punto de no responder llamadas telefónicas de amistades y parientes porque “no he tenido tiempo de devolverlas”.

Al reflexionar sobre esto, me doy cuenta que la cantidad de estrés, insatisfacción y ciertos problemas que suelo tener son simplemente una señal del mal manejo de mi tiempo, y que en el paso abrumador del día, no he dejado espacio a ciertos detalles muy importantes para mí, como son la familia y los amigos.

conejo blancoEl pasado es irrecuperable, el único tiempo con el que cuento es el real, mi presente, que es el único que tengo y por eso debo aprender a administrarlo con sabiduría. Debo procurar cambios en mis actividades, prioridades y perspectivas, con el fin de eliminar esa malintencionada prisa que puede afectar desde mi salud hasta el resultado de mis acciones con los seres a quienes quiero.

Me gustaría eliminar esa creencia errónea de que estando ocupada me siento más productiva. Como me encantaría no fijarme metas demasiado difíciles cuya importancia no amerita el tiempo que requieren. Me iría mejor si planifico las tareas y no las pospongo. Sería feliz si lograra vencer mis indecisiones para eliminar mi angustia cotidiana.

Como me gustaría desempolvar al conejo del cuento y decirle al oído: “Ahora entiendo la importancia de tu tiempo conejo. Pero aun así, continuas incomodándome”. 

RadioSi deseas escuchar la entrevista con Marisela Toro sobre este tema, haz clic aquí.



Deja tus comentarios aquí: