El valor de la honestidad

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En tiempos donde lo importante parece ser los resultados, los logros, lo visible, cultivar el valor de la honestidad parece un valor perdido. Somos capaces de inventar los argumentos más creativos para excusarnos, por no decir “lo siento”, “me equivoqué”, “tienes razón”, “no se acerca de esto”, “¡enséñame!”. Pero, no sabemos cómo ser honestos con nosotros mismos o con aquellos que decimos querer y respetar. ¿Será que se nos ha olvidado como ser honestos? ¿Será que ya no vemos la honestidad como un valor importante del ser humano?

Vivimos en una sociedad en que la mayoría de la gente opinamos de todo y juzgamos a todos. Es como si ser “descarado” se ha convertido en un valor, encubriendo la mentira, el engaño y  la humildad. La honestidad, como otros valores, no se usa en la publicidad para promocionarla como sí se hace con otros productos.

La honestidad es una cualidad humana, el respeto a la verdad, que buscamos y, en cierta manera, exigimos a las personas con las que compartimos algún tipo de relación, ya sean amigos, pareja o hijos. La mayoría de los seres humanos lo vemos como un valor importante para que las relaciones humanas se desenvuelvan y crezcan en un ambiente de confianza y armonía. Es una virtud que nos aporta seguridad y credibilidad en las personas, y en ocasiones hasta admiración. Tristemente, recibimos mensajes que nos alejan de cultivar este tipo de valores y nos acercan más  a un mundo de apariencias y frivolidad. ¿Será que los seres humanos hemos evolucionado (o regresado)  que ahora la seguridad y la confianza nos la aportan otras apariencias sociales que no están relacionadas con la honestidad? Y si no es así, ¿por qué la tenemos tan olvidada?

Muchas veces los seres humanos tendemos a no querer enfrentar la verdad de las cosas porque el hacerlo implica tomar acción. En otras ocasiones negamos la realidad porque pensamos que si así lo hacemos en algún momento desaparecerá. Pero, pronto descubrimos que el tiempo pasa y no es así, al contrario, las cosas se complican más, acumulando una mentira encima de la otra alejándonos cada vez más de esa vida de paz interna que añoramos tener.

La honestidad conlleva a  tener el valor de hacernos las preguntas más difíciles y  contestarlas con la verdad. Estas respuestas incluyen nuestras creencias, deberes, valores, responsabilidades y postura hacia la vida. Si anhelamos una vida de armonía y paz interna es necesario ser honestos con nosotros mismos.

Una vida sin secretos, presentándonos tal y como somos, sabiendo que la gente que está alrededor nuestro nos quiere y admira por quien realmente somos, no por lo que proyectamos; es una representación al concepto de la honestidad.

Conócete, exprésate sin temor, no pierdas tu verdad y lucha limpiamente por ¡lo que quieres! Y no olvides que los seres humanos no se miden por sus riquezas…, si no por ¡sus valores!

 



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