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Empezar de cero

Hace un año me mudé a Buenos Aires, en un “aterrizaje” bastante particular, llegué a esta ciudad después de un viaje de tres meses de mochilera por Suramérica, con diez dólares en el bolsillo y el sofá de un amigo. Salí de Bogotá con una mochila y un par de cosas a un viaje que no se extendería (en mis pensamientos) más de quince días, – voy a Ecuador y regreso – pensé. Terminé realizando un viaje que había soñado durante años y tuve la oportunidad de lograrlo, pero esa es otra historia. A punto de salir al sur de Bolivia, en medio del viaje me robaron. Un amigo me envío un préstamo para poder tomar un autobús que me trajo directo desde La Paz hasta la capital de Argentina.

Llegué a la una de la madrugada de un jueves, a recibir un buen abrazo de un amigo venezolano, y a dormir, después de un largo tiempo, sintiéndome cercana a algo. No tenía cámara, ni compu, no ipod, no dinero, no nada. El gran tesoro estaba por descubrirse.  A veces perder todo es ganar.

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Todos hemos sentido que el mundo se derrumba y no sabemos qué camino tomar, sentirse perdido, devastado, rendido, es una sensación que mientras la vives, no es nada agradable, parece que lo negativo se hace eterno y nada sale bien. La oscuridad se hace más grande, y el abismo emocional que se abre es intransitable. Una de mis frases favoritas en la vida es “El momento más oscuro de la noche, es justo antes de que amanezca.” No lo pongo en duda.

A veces, por no decir siempre, hay que ayudarle al sol para que salga. A pesar del cansancio que se acumula en un viaje y la cantidad de sensaciones que pasan internamente en ti, no era el momento de detenerse a pensar mucho, era el momento de accionar. Salí a buscar un empleo y conseguí uno de mesera en un bar de San Telmo.

Hubo días en que pensaba que trabajaría allí el resto de mi vida (risa interna). Duré tres meses. En esos 90 días no me detuve, confieso que dudé y que me sentía enojada y perdida, ¿quién me había colocado en esa situación? Yo.  Así que tuve que asumir lo que quizás por mucho tiempo ya tenía claro, pero de lo que no estaba consciente, era hora de tomar mi vida en mis manos.

Estar lejos de todo, sin nada, ni nadie, con pocas conexiones, no es sencillo. Hoy siento que empezar de cero fue la oportunidad más grande y maravillosa de mi vida, para conocer mi fortaleza interna y sentirme orgullosa de lo que soy y de lo que tengo. Todo esto es mío.

Cuando aprendemos a caminar de niños nos caemos y nos levantamos millones de veces, ¿por qué no hacerlo también de adultos?. Mi recomendación es: si dudas, que tu duda sea externa, natural, sin embargo en tu corazón, dentro de ti, siempre mantén encendida esa velita de la fe, de la fuerza, del vigor, de la posibilidad, de la transformación, del más puro amor a la vida y a tu vida, porque nada saldrá mal, al contrario, mantén un pensamiento positivo, no te rindas.

carreteraHay que abrir los ojos y maravillarse ante las situaciones difíciles, saber que el tiempo es un aliado silencioso y que si cada día accionamos y movilizamos la mayor parte de nuestro potencial, los resultados se verán mucho antes de lo que imaginamos. Conviértete en tu mejor yo cada día, haz una lista de las metas a corto plazo que te gustaría alcanzar, y cada día intenta cumplirte a ti mismo.

Paralizarse puede ser tu primera tendencia. Pero no te quedes quieto, no te estanques, porque la vida continúa y es como bailar, entre más piensas en el paso, menos dejas que el ritmo natural de tu cuerpo, de tu mente, de tu alma, te lleven. A un poco más de 365 días de aquella llegada en la madrugada con una mochila en la espalda, sin absolutamente nada, más que yo misma y un par de conocidos, conseguí un gran empleo, me mudé sola, tengo una compu nueva, un mp3 y un teléfono con cámara,  en realidad: tengo mucho más.

La certeza absoluta de saber que no importa perderlo todo mientras creas que tus sueños son posibles, que la humildad es un tesoro invaluable, que siempre te puedes reinventar.  De mesera a Jefe de Contenidos, del sofá a un departamento, de la mochila con ropa hippie a un guardarropa nuevo, de tu yo pasado a tu yo presente, ese, que sabe que la felicidad se encuentra en sentirse orgulloso de sí mismo, victorioso, “el aplauso va por dentro”, ese que se levanta con una pequeña lista de acciones que lo llevarán a grandes logros. El que no se pone límites a sí mismo, el que se perdona y se disculpa consigo mismo por equivocarse, el que celebra salir adelante y hacerse más fuerte, valiente y noble en el camino, al que el abismo no le parece un abismo, al que encuentra en la dificultad una nueva oportunidad. Ese tú que está dispuesto a empezar de cero. 

 



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