Escribir es saborear

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Pero no siempre. A veces nos topamos con una fotografía –ya sea en la computadora o en el fondo del cajón- y tenemos que acudir a quienes estaban presentes cuando se tomó la imagen para conocer el contexto –“¿de qué nos estaríamos riendo?”- o hasta para lograr identificar a los retratados.

Los más organizados saben que poner un nombre coherente a los álbumes y etiquetar correctamente –ya sea en digital o en papel- es algo sencillo que nos agradeceremos a nosotros mismos en el futuro pues nuestra memoria a veces nos juega malas pasadas.

¿Pero qué pasaría si además de los datos básicos, escribiéramos sobre algo que descubrimos o aprendimos en ese viaje, lo que significó para nosotros esa reunión familiar, aquél encuentro entre amigos o cómo un paisaje logró conmovernos? Obviamente no podemos hacer eso con cada imagen y ahora menos, que tomamos miles. (Una muestra de lo poco que nos concentramos).

¿Y qué hay de esos momentos que no pudimos fotografiar? Escribir es una excelente manera de hacer perdurar momentos y las emociones que los acompañaron. Las palabras no necesitan flash ni batería y nos permiten plasmar también aquello que no capta la vista.

Claro que para poder narrar con propiedad cualquier suceso, es necesario haber prestado verdadera atención. Algo que, aunque se haya tratado de una experiencia placentera, no hacemos tanto como creemos en esta vida acelerada que llevamos: comemos sin degustar, conversamos sin escuchar, caminamos sin contemplar. Vamos siempre apurados hacia el futuro.

Los psicólogos Fred Bryant y Joseph Veroff, de la Universidad Loyola de Chicago, han estudiado mucho lo que han llamado el “saboreo” (savoring) o disfrute: “la conciencia del placer y la atención consciente y deliberada ante la experiencia de éste”. Luego de haber hecho estudios que involucraron a cientos de estudiantes universitarios, Bryant y Veroff describen varias técnicas para disfrutar más plenamente una buena experiencia, algo que influirá notablemente en nuestro bienestar. Acá algunas que detallo con ayuda del libro de Martin Seligman, La Auténtica Felicidad:

  • Compartir con otras personas: Cuéntale a otros el valor que le otorgas a ese momento mientras lo vives. Haz exactamente lo que haces cuando recibes una buena noticia. Dicen los autores que quienes saborean juntos, permanecen juntos. (“Esto está delicioso”, “Me siento muy bien en este lugar”, “Esto me emociona”, “Mira qué hermosa está la luna…”).
  • Haz una fotografía mental: Proponte no olvidar ese momento de bienestar. Incluso, si es posible, llévate un recuerdo físico de ese lugar. Te servirá para recordarlo y compartirlo.
  • Auto-elógiate: Cuando recibas un premio o un reconocimiento, no olvides decirte a ti mismo cuánto has esperado para conseguirlo y cuán impresionados están los demás. No le temas al orgullo.
  • Agudiza tus percepciones: Concéntrate en algunos elementos dejando afuera otros que consideres menos relevantes. Cierra los ojos al escuchar esa música, saborear ese alimento o percibir ese olor; olvídate de los ruidos para observar con detenimiento ese rostro; deja que tu mano memorice esa textura.
  • Sólo siente: Trata de no pensar, sólo sentir. No te plantees qué deberías hacer o qué pasara después. Ni siquiera cómo se podría mejorar ese momento.

Si usas estas técnicas ampliarás los beneficios que cualquiera buena experiencia puede tener en tu vida. Y si te gusta la escritura, esta te permitirá prolongar ese disfrute en el tiempo: vuelves a saborear al sentarte a narrar las sensaciones y detalles de ese momento, saboreas cada vez que lo lees, y saboreas también si te animas a compartir eso que has escrito.

La invitación es sencilla: disfruta el momento y prolóngalo escribiendo. Escribe para tu bienestar.



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