La excusa del mañana

Si no fuera por la excusa del mañana, ¡qué placentero sería el vientre de la Vida!

Tienes tu cofre colmado de momentos siguientes, de deseos y objetivos. ¿Dónde atesorarás la alegría de la Presencia? Porque cuando la práctica de tu ejercicio de la respiración acabe, ya no habrá tiempo para despojos ni para reclamos. Sencillamente acaba. Y en las próximas cuestiones en las que te carguen de Propósito, ¿cómo sabes que la belleza y el silencio serán canciones que puedan danzar tus pies?

No atendemos a lo informe por el cautiverio de las formas, más, en plena hipnosis de inconsciencia, un grueso telón rugoso nos priva de la clara visión. Aun sabiendo que no hay recuerdo de un antecedente al principio, nos presentamos temerosos ante la supuesta desgracia de un final. ¿Qué nos tiñe de sombra la Conciencia cuando la hora de la partida se aproxima? ¿No es acaso el perfume de la eternidad una fragancia que invita?

Pero la des-gracia de la pertenencia nos arrebata los corazones del pecho y nos congela el Alma. Mas en el abandono de una crónica anunciada hasta nos creemos mártires cuando el Sol cae en su último horizonte. Hasta nos sentimos sorprendidos cuando la mano del viento nos cachetea tras la desobediencia y la cobardía. ¿Qué esperas de un momento siguiente cuando aún no has sido capaz de apreciar el presente? En la confusión de “tu mundo”, niegas el permiso que en ocasiones se te ofrece para vislumbrar el cosmos. ¿Por qué rehúsas la danza de cien soles en tus ojos y te asombras de la tenue luz de una tímida vela?

A pesar de las inquietudes de tu mente, un Universo de silencio es la fuente de cada uno de tus pensamientos. Y si ese vacío ha dado origen a tan vasto despliegue de ajetreadas formas, ¿por qué no aceptas que puede también sumergirte en un océano de profunda calma? Siento que, ante la desconfianza de átomo fundacional que te insufló, no haces más que negar tu esencia. ¿Cómo podrías Ser más allá de las vestiduras que traes puestas, si no das oportunidad a la desnudez de tu Alma?

Para poder librarte de los grilletes del sufrimiento que te atormenta, es preciso que te detengas en cada una de las estaciones de la Presencia. Y sin perderte en las tinieblas de la duda, descubrir con cada inhalación la Vida que tomas y con cada exhalación tu entrega completa. ¿No son acaso, el ir y venir del aliento, lo único que en verdad tienes?

Sufres porque niegas lo que en verdad eres y te apegas a lo que, ilusamente, crees que te pertenece. Es así como te aferrarás fútilmente al aliento, cuando éste quiera darte el beso de despedida. Lo harás con la misma fuerza que te aferras hoy a la ilusión de la conquista, desacreditando a cada paso su delicado vaivén.

Pero nunca es tarde cuando caes en la cuenta de que siempre es hoy. ¿Será que puedes comprender que las agujas del reloj son movidas por los engranajes de tu supuesta necesidad?



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