La gran mentira de los productos light

Este mes la revista de World Public Health Nutrition Association tiene varios artículos y reportajes de buen nivel, pero destaca por encima de todos uno escrito por Carlos Monteiro, nutricionista brasileño que derrota de una vez por todas las etiquetas “light” y “saludable” con las que muchas empresas promocionan alimentos altamente procesados. Monteiro es tajante y en este caso se agradece: son malos para la salud. No hay matices.

Para hacer la historia corta, los alimentos altamente procesados vienen en tres “presentaciones”: snacks y gaseosas, comidas que están listas para servir (como las que traen instrucciones para el microondas) y la mayoría de bebidas concentradas (como jugos y té en polvo). El problema no es que existan, el problema es que vendan la falsa idea de que no dañan nuestro organismo. Detrás del etiquetado light la condición que suele exigirse es que esa presentación no sea tan nociva como otras estándar, por eso una bolsa de papas fritas puede promocionarse como tal si no usa grasas trans. No importa que el 60% de las calorías vengan de la grasa; en casi cualquier país ese producto podría venderse como saludable.

Nuestras jornadas laborales rara vez bajan de ocho horas diarias, pero estamos bombardeados por consejos que quieren administrar el poco tiempo que nos queda. Entre la hora de ejercicio, las ocho para dormir, los minutos variables para leer, meditar, estar con la familia, tener sexo y bañarse, es normal que sólo nos hayamos enterado de que en la mesa toca con masticar 24 veces cada bocado. Los alimentos altamente procesados han disparado sus ventas en este escenario gracias a su promesa de comodidad y, según un estudio de The Global Nutrition Group, los “empacados” vendieron 500 mil millones de dólares alrededor del mundo en 2010. La categoría es amplia, pues incluye alimentos menos procesados, pero ese es un número similar al PIB de Suiza. La pereza de cocinar es rentable.

Monteiro es exhaustivo en su análisis, pero resume en siete puntos la gran mentira de los alimentos altamente procesados que dicen ser saludables:

  1. Suelen utilizar ingredientes de mala calidad, altos en grasa, azúcar o sal. Que disfracen el cuento con vitaminas y nutrientes no cambia la realidad.
  2. Pretenden convencernos de que podemos consumir todo lo que queramos, por lo tanto es más fácil abusar de ellos. La consecuencia es bien conocida por todos: obesidad.
  3. La etiqueta saludable es más fácil de mercadear en países menos industrializados. Es decir, se convierten en caballos de Troya.
  4. Que una marca de jugos en polvo ofrezca lulo o parchita no significa que se adapte a la cultura de un país. La tradición siempre se verá afectada.
  5. Los light suelen costar más dinero que los no light. Cuestión de oferta y demanda en el mercado del engaño.
  6. A menudo llevan a una desregulación del mercado alimentario, pues son una buena carta para cualquier compañía que quiere mostrarse socialmente responsable.
  7. La verdadera comida saludable está en la acera contraria de los alimentos procesados.

Yo añadiría una cosa: cocina 30 minutos al día y notarás la diferencia.



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