La meditación en el mundo empresarial: ¿Una habilidad necesaria?

Quizás desde el punto de vista de un profesional, ejecutivo o empresario dedicado a los negocios, la palabra: “meditar” pueda sonar un poco “oriental”, “filosófica”, “fuera de contexto” e incluso en términos irónicos “come flor”; tal vez no se le dé la importancia debido a que no pertenece al léxico universal de las grandes corporaciones, o las operaciones financieras e incluso transacciones de negocios.

En mi experiencia compartiendo como consultor y/o coach de varias centenas de empresarios, hombres y mujeres de negocios, etc., cuando comparto o converso de temas como la meditación o la contemplación interna, la mayoría se ríen o hacen una broma como: “esto es lo que me faltaba, ahora cantaré unos “om” para organizar la estructura de costos o mejorar las ventas”.

Ahora, intentando ubicar esta práctica de como meditar dentro del ámbito empresarial e incluso se incorpore al hábito diario de las ejecutivas o ejecutivos, plantearía las siguientes preguntas:

¿Si hubieses tomado unos 10 minutos antes de entrar a esa reunión de negocios donde prestaste dinero, para observar tus pensamientos e intuiciones, sobre las personas involucradas, o como se negociaría el préstamo, o que condiciones exigirías, etc., tal vez hoy no estarías persiguiendo a esa persona que terminó fallando en los términos de pago?

¿Si hubieses tomado unos minutos cada día, una semana antes, para visualizar a futuro, pros y contras de esa sociedad donde ibas a participar, tal vez hoy no estarías contratando un abogado para reclamar tus derechos como socio e incluso intentar retirarte sin tantas perdidas económicas, de tiempo y de tu paz interna?

¿Acaso la “paz interior” no es un estado deseado por los ejecutivos en su mundo de estrés?

Meditar no requiere una posición física o un estado de elevación particular, solo requiere tu enfoque, inhalar y exhalar, -lo demás-, es cuestión de la práctica y el hábito; por ejemplo, comenzar por cerrar tus ojos y:

Un minuto o dos cada mañana en el trabajo, previo al inicio del día, de una forma discreta, cerrar los ojos y visualizar la agenda del día, reflexionando sobre cada actividad de la agenda, colocando una intención para el día, preguntándote cómo puedes estar más presente y atento.

Tres minutos de respiraciones pausadas meditando sobre un tema específico o una decisión a tomar, visualizando opciones, conectándote con el observador interno, la parte observadora e  intuitiva que está dentro de ti, colocando preguntas y abriendo tu conciencia a las respuestas internas que aparezcan.

Observar con los ojos cerrados en silencio, tu mente, pensamientos, juicios, paradigmas que se atraviesan o mantienes en tu mente, tus emociones, si están presentes si percibes bloqueos, dudas, miedos, desconfianza, solo obsérvalas y finaliza observando tu cuerpo, haz un recorrido desde los dedos de los pies a tu cabeza, y observando tensiones, contracturas, áreas relajadas, etc., esto con el fin de equilibrarte internamente e iniciar el día.

Tal vez utilizando estos 3 “momentos reflexivos o de contemplación” en un inicio, puedas percibir el resultado e incluso la necesidad de continuar avanzando en su práctica.

Y si te funciona, profundiza en tiempo y repetición o explora unas nuevas formas de meditar o contemplar.



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