La meditación: más allá del pensamiento

Es inherente a nuestra manera de concebir el mundo o el universo, que todo lo que existe puede ser comprendido por la razón y “caber” dentro de los límites del pensamiento.

Se nos olvida que eso no es más que una creencia, un paradigma en el cual estamos inmersos por la época en la cual nos ha tocado vivir. Paradigma que comienza su más relevante vigencia, por lo menos para nosotros los humanos existentes en el siglo XXI, desde los tiempos de comienzos del siglo XVIII que precedieron a la revolución francesa, el periodo conocido como la Ilustración, con pensadores y filósofos como Descartes, Voltaire, Rousseau o Francis Bacon e incluso Isaac Newton. Esta es una creencia que se enraíza en nuestra concepción del universo a partir de los llamados enciclopedistas, bajo la influencia cercana del pensamiento de Descartes, con hombres como Danton o Diderot…, que alejándose de cualquier referente metafísico o espiritual y uniéndose a Maximilien Robespierre coronan, literalmente, a la “diosa razón” en la catedral de Notre Dame, poco después de la toma de La Bastille en 1789, dando así origen simbólico al racionalismo.

La razón se considera suficiente para comprender el mundo, sin recurrir a elementos fuera de ella misma, tales como Dios o cualquier otro atributo no material. El universo se concibe como un mecanismo, como algo mecánico, como piezas ensambladas, que si se conocen bien se tendrá acceso a todo el conocimiento sobre todo lo que existe.

A partir de esos históricos momentos toda la civilización occidental acepta como un postulado referencial, paradigmático y prácticamente sin posibilidad de cuestionamiento alguno, la creencia de que la razón humana tiene el poder de entenderlo todo. Todo tiene que ser lógico, es decir tiene que poder ser enmarcado dentro de los parámetros inherentes a la capacidad de raciocinio humano. Por ende, todo lo que no sea lógico, es desechado como loco, absurdo y por imperativo categórico, tiene que ser falso.

Pero resulta que esto no es necesariamente así, del postulado anteriormente descrito, surge la manera de conocer de la ciencia: el método científico, que de tanto como se estira y se pide de él, termina siendo cientificismo. Y es de esta conspicua manera de conocer, tan aquiescente con la idea de que la razón humana lo puede entender todo, es de allí precisamente, de donde empiezan a surgir los elementos que lenta, pero inexorablemente, comienzan a erosionar este paradigma tan querido para nosotros los humanos de los siglos XIX, XX y XXI. Es de los nuevos aportes de la física cuántica de donde aparecen los elementos que desmontan tanto el duro materialismo como la creencia en el postulado de que todo debe ser lógico y comprensible por la razón.

Las grandes Tradiciones de Sabiduría, por el contrario, nos alertan desde tiempos inmemoriales sobre el error de creer que el pensamiento pude ser el envase donde todo quepa, y la razón el medio por el cual todo puede ser comprendido. Nos señalan nuevas formas de conocer que van más allá de los límites de nuestro pensamiento. Al igual que los sentidos tienen límites para aprehender la realidad, la razón humana también los tiene y es necesario utilizar técnicas o vías que trascendiendo la razón nos permitan una nueva forma de conocer.

Cuando, por ejemplo, hablamos de lo que somos realmente, de nuestra esencia inmaterial, más allá de las definiciones con las que nos limitamos y nos conformamos cotidianamente, debemos recordar que lo que somos NO ES PENSABLE, que no es por medio de pensar más y mejor como podemos alcanzar la sabiduría de nuestra esencia real.

Es aquí que la meditación viene en nuestro socorro, y saliéndose de los límites inherentes al pensar, nos conduce a una manera de conocer que amplía de tal manera nuestro entendimiento, que ni siquiera podemos explicarlo dentro de los estrechos límites de los conceptos y el código lingüístico.

Meditar, en última instancia, también es, por lo tanto, romper los límites paradigmáticos que nos constriñen a concebir solamente desde el pensamiento y nos abre un nuevo universo pleno de inefables realidades.



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