La paciencia

Aprender que cada proceso tiene su ritmo es la clave de toso. A todos nos gustaría que las cosas siguieran el ritmo que queremos: progresar rápido en cualquier actividad, reunir fácilmente el dinero para comprar algo que nos gusta, aprender al instante a usar un programa informático nuevo o resolver de golpe los problemas de nuestro equipo de trabajo.

Sin embargo, cada proceso que ocurre en el mundo tiene su propio ritmo y debemos aprender a reconocerlo. Si no esperas el tiempo indicado para sacar las galletas del horno, van a quedar crudas; si no aguardas a que seque el pegamento del modelo que estás armando, se deshará en tus manos, etc., etc.… La paciencia, en un sentido, consiste en comprender ese ritmo y aguardar, simplemente, a que los procesos se completen.

En otros casos, lo que requiere de ti es que la combines con la constancia, sobre todo cuando se trata de una habilidad que quieres adquirir o de un objetivo que deseas alcanzar. Por ejemplo, aprender un idioma requiere que durante un buen número de meses e incluso años estudies a diario hasta que sepas hablarlos.

Otro valor relacionado con ella es el esfuerzo. Para conseguir objetivos importantes no basta con un instante, sino el paciente esfuerzo de muchos años. Tampoco basta con sentarse y esperar (eso es pasividad) hay que esforzarse para conseguirlo.

Elementos claves para desarrollar la paciencia:
La paciencia se puede lograr ejercitándola, el autocontrol es la clave. ¿Cómo hacerlo? Aquí algunos consejo:

No pierdas el foco del objetivo.
Disfruta del camino: El hecho de disfrutar del camino hacia tu meta, hará que dejes de obsesionarte con ella, ya que a veces lo que quieres es obtener el placer inmediato. Si ya el camino de por sí es un placer para ti, dejarás de obsesionarte con llegar y todo será como un bonito y divertido crucero donde lo de menos es llegar al puerto de destino.

Disminuye la necesidad: Normalmente se tiene más plazo para atender a los pagos del que piensas, siempre hay soluciones, por lo que no te desesperes por una situación económica apretada. Pero si además te dedicas a ahorrar y dispones de un capital que te permita vivir un tiempo tranquila, mejor.

Piensa en positivo: Cuando las cosas se retrasan puede ser para que hagas algún aprendizaje necesario, o para que no te equivoques con las prisas y puedas ver mejor las diferentes opciones.

Dejar ir las preocupaciones y disfrutar de cada momento por pequeño que sea el logro o el avance. Esto ayuda a ser paciente
Identifica y reconoce las cosas que logran impacientarte, reflexiona porque te impacientan y trata de distribuir responsabilidades entre otra personas o de salir de lo que no puedas manejar con serenidad, tu puedes dominarlo, es solo un plan.

Cada persona se comporta de la manera que cree mejor para ella. Querer que alguien haga las cosas como a nosotros nos gustan es motivo de perder la paciencia.

Discernimiento. Tenemos que saber que se puede cambiar y que no se puede cambiar y aceptarlo tal como es.

Recurre a la reflexión, meditación, oración, ejercicios de respiración, caminatas, lecturas, conversar con personas conocedoras del tema, o a lo que a te ayude a tener serenidad. Identifica que es lo que te ayuda a ti, cada persona tiene su método.

Los compañeros, jefes, colaboradores,… nos pueden sacar de quicio. En estos instantes tener una acción desde la calma y el sosiego no tiene precio. Detrás de la situación se esconde la superación personal a través de la virtud de la paciencia.

El tiempo que requiere la paciencia, puede ser utilizado eficazmente en pensamientos positivas en vez de desperdiciarlo en actitudes automatizadas e inútiles.

Saca provecho de cualquier situación, sin calificarla de mala o buena, ese tiempo que le des antes de juzgarla, te hará cambiar de opinión, ese tiempo es la paciencia.

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