Las emociones… ni malas ni buenas

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos ambientales o de uno mismo. Una emoción es un estado afectivo, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos. En el ser humano la experiencia de una emoción involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo que utilizamos para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación. Sitio web. Psicólogos en línea 2015.

Desde el campo de la biología, Humberto Maturana define las emociones como: “Interconexiones nerviosas que atraviesan nuestro cuerpo especificando las acciones posibles”.

Podríamos, también, definir emoción como la manera de adaptarnos a eventos o circunstancias que se constituyen en el espacio relacional; es una forma de relacionarse con el otro, con el medio ambiente y con el entorno. Las emociones ocurren y emergen por un evento o circunstancia y se manifiestan a través del cuerpo.

Si hacemos la analogía de observar el cuerpo como un contenedor y las emociones como su contenido, podríamos decir que cuando el contenido se reprime, implota, lo que puede derivar en diferentes enfermedades. Por el contrario, si ocurre que se desborda, puede explotar de forma reactiva afectando relaciones y vínculos. En ambos casos, esto ocurre debido a una gran cantidad de contenido retenido o no reconocido. Somos seres emocionales que pensamos y actuamos. El hecho de no reconocerlas o reprimirlas no significa que no nos afecte… nos afecta a nosotros y a nuestro entorno.

Las emociones no son ni malas ni buenas, simplemente son. Si bien hay algunas emociones que no nos gustan, como la rabia, la tristeza y el miedo, estas también tienen su lado luminoso.

Por ejemplo, la rabia puede ser un motor de arranque para emprender algo, así como para colocar límites a situaciones que nos hacen daño. La tristeza puede significar un alto en el camino, una mirada reflexiva, un profundo insight en cuanto a lo trascendente de la vida. El miedo, aunque puede paralizar, también protege en infinidad de ocasiones, permite ser prudente y cuida.

¿Qué hacer cuando alguna de estas emociones nos aborda?

Observar los pensamientos que están presentes sin buscar explicación; solo sentirlas, reconocerlas y aceptarlas es un buen inicio para tomar conciencia de su presencia. Hacer una pausa, observar la respiración, sentir el cuerpo y sus tensiones, así como apoyar la planta de los pies en el piso y fluir acompasadamente con la respiración permitirá volver al centro y recobrar el equilibrio.

Deja que las emociones revoloteen alrededor de tu cabeza, pero no permitas que hagan nido en ti. Porque cuando una emoción se hace recurrente se convierte en un estado de ánimo, considerado este, como la predisposición para actuar en la que nos encontramos regularmente y que, en consecuencia, nos genera identidad. Es así que nos referimos a alguien como una persona triste, rabiosa, miedosa, alegre, negativa, etc.

Somos seres con la capacidad de transformarnos, el desafío está en observar cuáles son las consecuencias de nuestro actuar desde el estado de ánimo en que nos encontramos y tener la posibilidad de cambiarlo si los resultados no nos gustan.

El espacio emocional es un espacio maravilloso de transformación. Cada emoción tiene su sabiduría, cada una cumple con su rol y cada una nos dispone a un actuar diferente.



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