Liberemos a los hijos de nuestros conflictos de pareja

Para un niño tener dos hogares puede ser como tener dos nacionalidades: resulta ventajoso salvo que los países entren en guerra. Álvaro Cabo Rivas

 

No hay que hacer grandes esfuerzos para darnos cuenta de que el modelo tradicional de familia constituido por  una pareja vitalicia con hijos biológicos, hace tiempo dejó de ser el único deseable o aprobado socialmente, para dar paso a la diversidad de estructuras  familiares, siendo una de las más comunes, las familias ensambladas.

A menudo las parejas con hijos atraviesan rupturas o separaciones (según sea el caso, signadas por conflictividad o acuerdos) y luego establecen vínculos con nuevas parejas. Con todas las emociones de pérdida y de duelo que estas experiencias entrañan, así como los cambios y reorganización de vida que implican, muchos son los estragos que podríamos evitar a la hora de tomar decisiones o acciones que afectan a los hijos propios o ajenos.

Desde un enfoque consciente y respetuoso de crianza, me parece que algunos puntos a tomar en cuenta frente a conflictos de pareja, separaciones o relaciones entre los miembros de familias ensambladas son:

  1. Que nadie use a los hijos como rehenes en los conflictos de pareja. Los hijos no tienen por qué atrincherarse a favor o en contra de ninguna de las partes. Los hijos necesitan sentirse amados y aceptados por sus progenitores y/o sus nuevas parejas, necesitan tener la libertad de amarlos y aceptarlos sin sentirse culpables o sentir que traicionan a alguien. Los hijos necesitan disponibilidad incondicional de ingreso al territorio emocional de sus progenitores aún cuando estos se encuentren divorciados, solos, solas, emparejados o emparejadas otra vez , así como formando nuevas familias.
  2. Cuando incorporamos cotidianamente en nuestras vidas la transparencia y la honestidad, el vínculo con una nueva pareja y los hijos se va construyendo al mismo tiempo, naturalmente, sin secretos, sin necesidad de ocultar la realidad. Por tanto el ingreso de la nueva pareja a la vida de los hijos también sucede de un modo transparente y natural.
  3. Nuestra rabia, celos, resentimientos, dolor, no es lo más importante o, en todo caso, se trata de un asunto que debemos resolver sin implicar a los hijos propios o ajenos. Lo que realmente debe importarnos es que los hijos se sientan amados, respetados y acogidos por su progenitor y la nueva pareja de éste o ésta.
  4. Cuando somos adultos maduros, realmente capaces de amar, también somos capaces de proteger, acompañar y cuidar a los hijos de nuestra pareja.
  5. Al vincularnos con una nueva pareja es prioritario incorporar  a los hijos propios o ajenos tomando en cuenta sus deseos y opiniones en las decisiones de vida que este nuevo vínculo trae.
  6. Mantengamos presente que al iniciar una nueva relación de pareja, los lazos no se limitan a dos personas sino que por añadidura se establecen entre nuestros  hijos, expareja, familia consanguínea o política con nuestra nueva pareja y viceversa. Con lo cual resulta indispensable mantenernos disponibles para llegar a acuerdos a favor de cultivar relaciones respetuosas.


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