LOS SENTIMIENTOS COMO ARMAS

Los seres humanos basados en nuestro aprendizaje a tempranas edades y al historial comunicativo al que hemos estado expuestos, vamos desarrollando formas de relacionarnos con las demás personas. Establecemos distintos ámbitos de relaciones, pareja, familias, amigos, laboral y nuestra intención de demandar u obtener algo de las otras personas viene igualmente dado por esas enseñanzas. Es de gran importancia observar las formas de intercambio e interacción que realizamos. Sin estar determinadas por vínculos estrechos, son prácticas comunes que afectan las relaciones en función de obtener objetivos. Obviamente si la relación es cercana y las motivaciones que sustentan ese accionar son exacerbadas, usualmente están cargadas de un contenido de violencia y agresividad.

Los sentimientos cuando son manejados a través de la manipulación, pasan a convertirse en armas para el logro; controlar, obedecer, someter a voluntad hasta convertirse en un hábito que alimenta la vinculación. Dependiendo del tipo de relación, muchas veces la manipulación comienza como un simple juego de sutiles demandas hasta transformarse en serias exigencias, donde ese miembro de la relación comienza a ceder espacios debilitando sus propios límites y prioridades. Determinado el objetivo se abalanzan a su consecución sin reparar en el sentir de las otras personas.

Hemos dado paso en el párrafo anterior al concepto de chantaje emocional, continuemos las definiciones para  poder distinguir el chantaje del maltrato, y de la dependencia emocional, tres aristas que revisten agresión interna y externa, socavan la autoestima y afectan la valoración del individuo. Tanto el maltrato como el chantaje emocional representan un abuso psicológico hacia el otro. En el maltrato hallamos una práctica violenta y constante sustentada en actitudes, acciones y expresiones que humillan, descalifican y desaprueban. En adultos, adolescentes y niños acostumbrados a interactuar con este tipo de trato, encontramos una programación adherida que se ha ido transformando en patrones de conductas y formas de vinculación basada en lo que he visto, he oído y he experimentado desde mis primeros años y el cómo se conducían mis referenciales más importantes padres, tutores, maestros. Probablemente no conozcan o no estén acostumbrados a otro tipo de trato, es lo que reconocen aunque no se sientan cómodos, representa lo habitual y lo refuerzan a veces sin resistencia.

La dependencia emocional obedece a un patrón individual basado en una necesidad general y excesiva. En función a experiencias particulares generadas entre otras por el miedo a la pérdida, al abandono, la soledad, carencia afectiva, conlleva una historia que coloca a las personas en situaciones de apego a veces enfermizo; el bienestar viene dado por cómo se es tratado por los demás y lo que éstos piensen. Evitan los enfrentamientos y anteponen las necesidades de los otros ante que las propias con una tendencia clara a justificar las actitudes de dominio y maltrato. Podemos observar claramente en personas dependientes emocionales, estados continuos de ansiedad y nerviosismo, resentimiento y culpabilidad hasta procurarse un aislamiento que los mantenga resguardado del cuestionamiento de los otros o de posibles reacciones desproporcionadas de la relación cercana. Generalmente está presente en relaciones de familiares y amigos pero se observa de forma exacerbada en las relaciones amorosas en forma de sujeción y control.

Resaltemos que las tres condiciones pueden darse consciente o inconscientemente, que podemos estar expuestos a interactuar en cualquiera de éstas formas y en muchos casos sin darnos cuenta, que nuestras necesidades afectivas rápidamente se habitúan al enlace con el otro más allá de lo evidente, pero lo importante es revisarnos frecuentemente donde vamos cediendo nuestra propia independencia, donde establecemos relaciones asimétricas o desbalanceadas entre el dar y el recibir, donde tener a cualquier precio a la otra persona o lograr un objetivo dentro de la relación se convierte en una premisa. Identificar sus señales es el inicio para abordarlo.

“Allí donde los límites se expresan, emerge el equilibrio”

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