Manejar nuestras emociones

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En los tiempos modernos generalmente se admira a aquellas personas con una capacidad cognitiva importante. Es decir, a los que brillan desde el punto de vista intelectual. Pero hasta ahora no existe alguna teoría cognitiva que trate de explicar porqué las buenas notas no van siempre de la mano con el ser exitoso en la vida. Por qué el que era más destacado en la clase no es el más exitoso profesionalmente. Así como también aquel que no ha recibido una educación formal obtienen grandes logros en la vida.

Es posible que estas interrogantes puedan explicarse por medio de la inteligencia emocional cuya definición difiere de lo que tradicionalmente significa ser inteligente. El concepto de inteligencia emocional abarca por un lado enfocarnos en nosotros mismos (inteligencia intrapersonal) y por otro la destreza de interactuar socialmente de manera adecuada con un manejo óptimo de los conflictos (inteligencia interpersonal).

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La inteligencia intrapersonal es la habilidad de formar una idea objetiva de uno mismo, así como también de reflexionar sobre nuestros propósitos y alcanzarlos. La idea es lograr el entendimiento propio para entender a los otros. Una alta inteligencia intrapersonal nos permite detectar cuáles son nuestras necesidades y deseos, así como conocer cuáles son nuestras fortalezas para usarlas a nuestro favor y cuales nuestras debilidades para intentar sobreponerlas.

La inteligencia interpersonal nos sensibiliza con las emociones de otros. Es la habilidad que nos sirve para entender a los demás, aprender a diferenciar entre los individuos, cuál es su estado de ánimo, intenciones, motivaciones y temperamento.

Daniel Gil’ Adì afirma en su libro Inteligencia Emocional en Práctica que el 80% del éxito depende de un poquito de suerte y de inteligencia emocional y un 20% de inteligencia cognitiva. Debemos estar conscientes de lo que sentimos y sienten los demás. La habilidad consiste en sentir la emoción, reconocerla, entenderla, aceptarla pero no dejarnos dominar por ella. Si logramos esto, podremos manejar de manera exitosa diferentes situaciones tanto agradables como de incertidumbre y presión. El no saber manejar las emociones nos puede traer conflictos con nosotros mismos y dificultar la interacción con los demás con el consecuente desgaste y la aparición de síntomas psicológicos y físicos. La tendencia positiva ante situaciones de incertidumbre y obstáculos marcará la diferencia entre alcanzar o no los objetivos que nos planteamos a diario.

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Debemos reconocer nuestras emociones y determinar el vínculo que existe entre el pensamiento y la acción así como también determinar si son las emociones o los pensamientos lo que influyen en nuestras decisiones. La autoconciencia nos permitirá reconocer, de manera objetiva, cuáles son nuestras habilidades y debilidades.

Comencemos entonces por entender que a pesar del valor que tienen nuestras capacidades cognitivas no es la única condición para lograr el éxito. El manejar las emociones a nuestro favor sin dejarnos dominar por ellas nos harán que el camino hacia el éxito sea más claro y menos tortuoso.

 



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