Me siento culpable

Me siento culpable

Muchos cargan por años culpas internas, autorreproches y cosas que hicieron de las que luego se arrepintieron. ¿Te suena familiar? ¿Quién no se lamenta de algo que le hubiera gustado hacer distinto?

En ese momento de decisiones erradas, no contabas con los aprendizajes ni la madurez que hoy tienes. Además, muchas circunstancias de la vida nos impulsan a actuar o tomar decisiones, aunque no hayan sido las más adecuadas.

Hoy puedo decir que hay cosas que hubiera hecho distinto, de las que no me enorgullezco, pero ya no me siento culpable por ellas, tampoco siento remordimiento. Decidí dejarlas, soltarlas. Decidí perdonarme. En su momento dolieron y me sentí muy mal, pero luego entendí que nadie vino a este plano a desarrollarse bajo cánones estrictos de perfección. Todos vinimos a aprender y a equivocarnos. Penalizarse con historias de culpa nos hace daño. Además esas situaciones forjaron la persona que soy hoy en día, es decir, una mejor versión de aquella Laura que quedó atrás.

Cuando me equivoqué con acciones que hoy no haría, me prometí a mi misma: “esto nunca lo repetiré y hasta el momento he cumplido mi promesa”. Esta es una de las vías para hacer las paces con uno mismo.

También decidí conectar con mi esencia, porque soy una buena persona y porque lo bueno pesa mucho más, y tiene más valor que aquella parte no muy grata de mí. En esta reflexión intento aplicar la ley del darma y el karma. He cometido errores, pero eso contrarresta las cientos de acciones positivas que hago en mi vida a diario. Esto es hacer una especie de nivelación de cargas, y darnos cuenta de que lo bueno y positivo siempre pesa más que lo negativo.

Me animé a escribir este artículo debido a la gran cantidad de historias de culpabilidad que escucho a diario; culpa y rabia reprimidas, historias contadas y machacadas una y otra vez en el pensamiento interno, haciéndole daño al que la padece.

Si te pido que pienses en un balde con veinte manzanas, en las que diecinueve están hermosas y hay una medio podrida, ¿vas a botarlas todas porque una no sirve?

Esta es la invitación que hoy te hago, que solo sueltes esa manzana pasada y disfrutes de todas las demás. La podrida debes liberarla, botarla, para que no contamine el resto. Lo mismo sucede con tus pensamientos, uno negativo puede contaminar y opacar a los demás.

El pasado no se puede modificar, pero lo que sí puedes es hacerte cargo de cómo vivir de ahora en adelante. Y ahora te pregunto:

¿Qué propósito llena la culpa?

¿Solucionas algo con la culpa? Acaso… ¿el otro se entera de tu sentimiento de culpabilidad?

¿Para qué te sirven las autoacusaciones?

Habrá respuestas diversas, pero podríamos resumir lo siguiente: “la culpa solo sirve para sufrir en silencio y atormentarte”. La culpa es un sufrimiento silencioso que te carcome por dentro.

Con base en lo anterior, la siguiente reflexión sería:

¿Hasta cuándo vas a seguir sufriendo por ese sentimiento de culpabilidad y reproche?

Nada se va de nuestra vida hasta que tomemos la decisión de ver ese evento con otros ojos, con una mirada distinta, inclusive siendo compasivos y comprensivos con nosotros mismos.

Si una amiga/o te contara sobre un evento negativo parecido al tuyo, y viniera a ti llorando y arrepentido, ¿qué le dirías?, ¿lo juzgarías?, ¿o más bien tratarías de entender sus motivos y consolarlo para que esa culpa tan pesada se transforme de una vez y para siempre en aprendizaje y en la oportunidad de renacer y ser una mejor versión de uno mismo?

La culpa hay que convertirla en responsabilidad. En la responsabilidad de hacer cosas buenas y distintas, en no cometer el mismo error, y de poner al servicio del mundo todas las cosas buenas que sí tienes para dar.

También es importante recordar que posiblemente no fuiste el único culpable o, mejor dicho, responsable de lo sucedido. Siempre hay un sinfin de pequeñas acciones que se van acumulando y que se convierten en el evento poco deseado.

La culpa es un dolor emocional que al prolongarse se convierte en una herida abierta que podría eventualmente conducir a una enfermedad.

La culpa es una historia que recreamos constantemente en nuestra mente. Esa historia te la puedes contar distinta y con más benevolencia.

Entonces, ¿qué podemos hacer con la culpa?

  • Pedir perdón a quien le hiciste daño, genuinamente y desde el corazón, puede ayudarte a sentir un poco mejor, pero no esperes el perdón inmediato. Podrían pasar meses o años antes de que esa persona pueda perdonar y entender tus motivos.
  • Por ello, el perdón debes otorgártelo a ti mismo, perdonarte y liberarte de esas cargas y refugiarte en Dios para calmar tu alma triste. Dios todo lo puede, todo lo cura, todo lo sana y todo lo perdona, pero debe ser genuino.
  • ¿Recuerdos dolorosos? Sustitúyelos por recuerdos alegres. ¿Es difícil? Sí, claro, pero mucho peor es continuar recreando el evento negativo obsesivamente en tu mente y en tu corazón.

Reflexiones finales:

  • Evita el pensamiento extremo polarizado (blanco o negro).
  • Aplica una versión de matices, en donde el gris aligere tus cargas.
  • Siempre existen alternativas para lidiar con las consecuencias, ocuparte en vez de preocuparte es una de ellas.
  • Este evento en el futuro lo verás completamente distinto, y recordarás, o inclusive lamentarás, el haber gastado tanto tiempo valioso y productivo sintiéndote culpable.


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