Meditación cristiana: descubriendo la oración del corazón

La oración siempre ha sido una actividad muy importante en mi vida. Pero… ¿qué es orar?

Una antigua definición habla de la elevación del corazón y la mente a Dios. Es decir, que siendo la mente el centro del conocimiento, este tipo de oración está ligada al pensamiento. Aprendí a orar repitiendo oraciones y pidiendo al Señor lo que necesitaba. Hablar con Dios, pensar en Dios, o pedir a Dios por algo… este ha sido por mucho tiempo el único tipo de oración que conocía y practicaba.

Hay dos premisas en las que creo, una es que la búsqueda permanente de lo que permite crecer y madurar llegará en el momento y tiempo indicado para cada quien; la otra es que nada ocurre al azar. Esto lo confirmo con frecuencia: uno de esos momentos lo viví hace unos 5 años, me topé con un amigo hablando de la meditación cristiana. Me invitaba a conocer a Laurence Freeman, monje benedictino (OSB), guía y director de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana, quien venía por segunda vez a Venezuela a dar algunas conferencias. Desafortunadamente, no pude ir a ninguna. Curiosa e interesada en saber qué era eso comencé a indagar por internet. Llegue a la página web de la Comunidad Mundial (http://wccm.org) con sede en Londres, así como a otra página web en español, editada entonces en Méjico y dirigida a meditadores de América Latina. A partir de estas dos fuentes y sus contenidos, mi interés y emoción seguían creciendo y casi de inmediato empecé a practicar la meditación cristiana, aun antes de entender claramente que era.

Comencé a descubrir por mí misma esta otra forma de oración que no conocía, la oración del corazón, la Meditación Cristiana (Laurence Freeman OSB. Meditacion Cristiana: Nuestra Práctica Diaria, 1ª edición, Buenos Aires, Bonum, 2007). En ella no hay que pensar en Dios, ni hablar con él, ni pedirle algo. Simplemente y a través del silencio, nos unimos con la conciencia humana de Jesús, que en la forma del Espíritu Santo habita en nuestro corazón (Ni siquiera sabemos cómo rezar, pero el Espíritu mismo ora en nosotros Romanos  8, 26). En los años 60, a partir del Concilio Vaticano II, el Espíritu Santo va guiando a nuestra Iglesia a recobrar otra dimensión de la oración con ¨orientación contemplativa¨, en la vida espiritual de los cristianos de hoy. No se trata de experiencias extraordinarias, ni estados alterados de conciencia, Santo Tomas de Aquino la llamó ¨el simple gozo de la verdad¨.

Esta práctica ha pasado a ser parte de mi vida ordinaria y del misterio que la oración representa en la vida de cualquier persona que busca la plenitud del ser. Desde la fe y en el silencio de su práctica aceptamos que Dios conoce nuestras necesidades y que ese conocimiento nos confirma su amor e interés en nosotros, que finalmente nos completa.

También entiendo que todas las formas de oración son válidas, todas son efectivas. Por eso rezamos de diferentes maneras de acuerdo a lo que somos como individuos y a lo que sentimos en diferentes momentos. Lo que hace cristianas a todas estas formas de oración es que están centradas en Cristo.

Por experiencia, ya sé que la práctica de la meditación cristiana, es simple pero no fácil, requiere disciplina y compromiso. Es a través del silencio y de esta misteriosa comunión con Dios nuestro Señor que nuestro espíritu humano va floreciendo en libertad y creatividad frente a nuestra vida, a nuestro medio ambiente, a nuestros semejantes.



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