¿Mindfulness me va a cambiar la vida?

Mindfulness me va a cambiar la vida

“¿Mindfulness me va a cambiar la vida?”, pregunté el primer día que comencé a practicarlo. Estábamos haciendo un curso básico de mindfulness en el trabajo, y acudimos en grupo para practicarlo. Nos quedamos sentados y observamos.

Un segundo, dos, tres…

Con todas las cosas que tengo que hacer

Lo intento, pero pienso en la cola de tráfico de vuelta a casa, recoger a los niños en el colegio, el informe que está por terminar y hasta dónde nos iremos de vacaciones en verano.

Yo no sirvo para esto, pero dice que hay que tener la intención y practicar y que iré notando cómo funciona con el tiempo.

Empezar con un minuto, luego cinco, diez… importa más la constancia en el tiempo que la cantidad de tiempo. Y yo lo que tengo la sensación es de que es una pérdida de tiempo.

Resulta que a un biólogo John Kabat-Zinn que practicaba meditación se le ocurrió aplicarla en grupos para afrontar el estrés, con tan buenos resultados que comenzaron a hacerse estudios a nivel científico de cómo la meditación y la práctica de mindfulness modificaba nuestro funcionamiento cerebral. Por ejemplo, se consigue una menor activación de la amígdala, el centro cerebral de las emociones, y este es el motivo de que reaccionemos menos o de forma diferente a lo que nos sucede.

Y, por supuesto, se mejoran las relaciones laborales y la atención en el trabajo.

Nos puso el siguiente video:

Vamos, que lograremos mantener una atención de mayor calidad en nuestras tareas y así gestionar mejor el trabajo. Pues si está comprobado con estudios científicos, ya parece que esté todo dicho…

“Es normal lo que te sucede”, me dijo la psicóloga… que todos tenemos esta mente de mono o esa voz en la cabeza que no para y a la que santa Teresa llamó: la loca de la casa. La cuestión está en observarla y llevar nuestra atención a lo que nos sucede en este momento: los sonidos, las sensaciones corporales, la tensión en el cuello, la respiración, y volver a ellos cuando la loca aparezca intentando volver a conectar el piloto automático.

Sostener y acunar nuestra atención, dirigirla en la medida de lo posible.

Volver a ti, estés donde estés: en un atasco, cuando notes ansiedad, mientras realizas una tarea porque no la puedas entregar en el plazo indicado, antes de culpar de algo a tu marido o esposa o al compañero de trabajo o si tu hijo o hija no para de llorar.

“Mindfulness no te va a cambiar la vida, pero hará que estés más atenta a lo que vives —me respondió la psicóloga—, cambiará la forma en la que reaccionas a lo que te pasa y así, de forma indirecta, es posible que las cosas mejoren o se adapten más a quien tú eres y lo que quieres en tu vida y en tu trabajo”.

“Ah pues si es así, pondré intención”…, me dije a mí misma muy seria y comprometida conmigo misma. Como siempre que comienzo algo nuevo, lo tomaré como un reto, sabiendo que me va a ayudar a gestionar mis emociones y pensamientos y mi forma de afrontar el trabajo.

La loca comienza a susurrarme y sonrío. “Mira que eres pesada”, le digo.



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