No hay familia modelo, hay modelos de familia

El modelo único conformado por un matrimonio heterosexual vitalicio con hijos biológicos como estructura ideal de familia nuclear, hace tiempo dejó de serlo. Cada día más, lo común pasa a ser la diversidad de estructuras familiares.

La fórmula madre-padre-hijo biológico se convierte en otra opción dentro del universo de modalidades entre las cuales encontramos familias con un solo progenitor donde por lo regular predomina el binomio madre-hijo, familias con hijos adoptivos, familias homoparentales con hijos biológicos o adoptados, familias con hijos de uniones anteriores más hijos de la unión actual denominadas ensambladas, familias solo constituidas por una pareja (homosexual o heterosexual) sin hijos, y otros modelos más que existen a lo largo y ancho del mundo y que estarán por crearse en el decurso del tiempo. Como es natural, la familia se adecúa y varía orgánicamente según evoluciona la historia y según sea el contexto cultural donde se nutra.

En este orden de ideas todos los modelos de familia merecen ser legitimados y valorados de antemano con el mismo potencial de ser funcionales. Ninguno por definición debe considerarse una desviación. No se trata, por lo tanto de entrar en juicios de valor, ni patologizar un modelo determinado que no encaje con los parámetros reduccionistas de familia tradicional instituidos por un orden predominante e incuestionable al servicio de intereses particulares, sino de respetar la diversidad como una realidad que, lejos de perjudicar, construye y enriquece.

Lo sustantivo es honrar, reconocer y dar el lugar que corresponde a cada uno de los miembros de cada familia (presentes o no), y sobre todo que cultivemos vínculos con abundante compromiso emocional, solidaridad, honestidad, respeto, altruismo y empatía, en especial con los niños, quienes para desarrollarse sanos, libres y felices, necesitan la contención de un grupo de personas cercanas y significativas, responsables de su crianza.

La humanización de la crianza exige el esfuerzo constante de expandir nuestra conciencia, de cultivar nuestra salud emocional, de prepararnos y estar disponibles frente al desafío y la entrega que implica la inmensa responsabilidad de cuidar a nuestros niños y niñas. Esto pudiera ocurrir o no en cualquier modelo familiar. De modo que, en definitiva, lo que realmente importa para lograr funcionalidad, no es el formato de familia, sino la calidad humana y la calidad del vínculo entre las personas que la constituimos.

modelos-de-familiaAl margen de las propias valoraciones subjetivas, es nuestro compromiso ético como seres humanos conscientes, evitar las enormes dosis de injusticia y sufrimiento provocados por la exclusión de una inmensa cantidad de seres humanos, adultos, jóvenes y niños, integrantes de modelos de familia no apegados al esquema tradicional.

“Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”, dice el teorema del sociólogo norteamericano William I. Thomas. Es decir, si un grupo de personas da por hecho que el niño perteneciente a una familia de padres divorciados o de padres homosexuales es un individuo que por descontado será un inadaptado, lo tratarán como a un inadaptado y el resultado será una profecía autocumplida. De manera que vale la pena cuestionarnos, ¿se encuentra en determinado modelo familiar el verdadero origen del problema o es mi prejuicio hacia dicho modelo familiar lo que lo convierte en un problema?



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