No tengo ganas de hacer nada

No tengo ganas de hacer nada

¿Te ha pasado? Esos días cuando lo que quieres es no hacer nada, no quieres actividad física, no deseas interacción con otros. Es como si quisieras pasar desapercibido y mantenerte en tu propio mundo sin que nadie lo altere. Esa sensación se denomina abulia.

“La abulia es la alteración de la actividad voluntaria, y más concretamente de su fase preliminar, donde aparece perturbado el deseo o la decisión de llevar a cabo una acción. Se caracteriza por la falta de actividad, de interés por las cosas y la ausencia de respuesta emocional. Se podría definir más sencillamente como una falta patológica de voluntad, de ganas de hacer cosas”. Fuente: Wikipedia

Muchas personas manifiestan preocupación preguntándose si es una conducta normal o no. Ante esto los invito a pensar en la frecuencia con la que les ocurre. Me explico: que un día tengas esa sensación y puedas darte el lujo de reposar, descansar, pues no hay nada de patológico; no es necesario mantenerse en una actividad constante donde no haya permiso para el descanso. Ahora bien, si esta conducta suele ser muy frecuente o implica dejar de lado actividades que debías hacer, y cuya postergación sabes que traerá consecuencias negativas, es necesario prestar atención.

Nuestro nivel de energía no está igual todos los días. Podemos agotarnos, sobre todo si llevamos un ritmo de vida muy acelerado, y dedicarse de vez en cuando al dolce far niente (el dulce no hacer nada) puede ser liberador y recuperador de energías, pero si observas que esta conducta pasa a ser constante en tu vida, puede ser un indicador de un estado depresivo, y lo más conveniente es acudir a un psicólogo para explorar qué sucede.

Dentro del no hacer nada hay una variante. Una cosa es quedarse tumbado en la cama mirando el techo o quedarse en la cama disfrutando una película, es decir, una cosa es desear descansar y reponer energías y otra quedarse envuelto en una nube gris. Si esto último es tu caso, recuerda que mientras más nos dejamos dominar por la tristeza más nos hundimos. Por eso lo mejor es obligarse a despertar, un corto paseo, regar las plantas, conversar con un ser querido, en fin, cualquier actividad por pequeña que sea con la que podamos dar a nuestro cuerpo el reposo que nos pide, pero sin caer en la abulia.

Recuerda que un día no vivido es un día perdido, y desde la depresión definitivamente no se vive.



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