Obesitis (OBESI dad TIS)

Obesitis (OBESI dad TIS)

Un hombre muy ocupado para cuidar de su salud es como un mecánico muy ocupado para cuidar de sus herramientas. – Proverbio Español.

 

Sabemos qué es la obesidad, pero ¿sabías que en realidad debería ser llamada obesitis?

La obesidad es un problema de salud pública a nivel mundial. Sabemos que la obesidad es considerada la pandemia del siglo 21, que ya no solo es vista como un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares o diabetes, sino que ya por sí misma se encuentra clasificada dentro del grupo de las enfermedades crónicas no transmisibles, como podemos ver aquí en uno de los primeros artículos de nuestra página web basado en la Asociación Médica Estadounidense.

Las enfermedades crónicas no transmisibles son las primeras causas de muerte a nivel mundial. Son enfermedades con las que convivimos por varios años –de allí el término crónico–, y que a diferencia de las infecciones o virus no se propagan o “pegan” de persona a persona –de allí el término “no transmisibles”–. Sin embargo, la característica de todas estas enfermedades es que los factores de riesgo para padecerlas, en su mayoría, son modificables. Es decir, tenemos en nuestras manos la capacidad para evitar sufrir estas enfermedades.

Escribir sobre la obesidad pareciera ser repetitivo y, sin embargo, es insuficiente, sobre todo cuando leemos las estadísticas más recientes publicadas por la Organización Mundial de la Salud:

En 2016:

– El 39 % de las personas adultas tenían sobrepeso, y el 13 % eran obesas.

– 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.

– 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) con sobrepeso u obesidad.

Es decir, ¡52 % de la población adulta tiene exceso de peso!

Con estas estadísticas tan impactantes, el manejo y la prevención de la obesidad es una necesidad a nivel mundial, un derecho y un deber para todos nosotros. Como hemos hablado en otros artículos, nuestra salud va a ser el resultado de la influencia de nuestros estilos de vida en la genética (epigenética), nuestra salud intestinal (la presencia o no de intestino permeable como puerta de entrada a todas las enfermedades) y el equilibrio en nuestra microflora (que como sabemos tiene implicaciones en cómo nuestro cuerpo se defiende y utiliza los nutrientes).

¡Si nuestra salud es el resultado de este balance, la presencia o no de obesidad también va a ser el resultado de esta relación!

Ahora bien, mucho se conoce sobre la importancia de mejorar nuestros estilos de vida para prevenir y para tratar la obesidad, como la necesidad de comer más saludablemente, realizar actividad física y descansar suficiente, pero ¿sabías que no se debería hablar de obesidad sino de obesitis ?

“Itis” es el sufijo que implica inflamación, y es que la obesidad, ese acúmulo excesivo de grasa, se origina gracias a una inflamación crónica y de bajo grado en nuestro organismo. Diversos especialistas en obesología así lo recalcan.

Porque la obesidad, más que una cuestión de kilocalorías que entran y salen de nuestro cuerpo,es cuestión de los alimentos que consumimos, tanto alimentos amigos (inmunonutrientes) como alimentos negativos (antinutrientes).

Para comenzar a explicar por qué la obesidad en verdad debería ser llamada obesitis, debemos saber qué es la obesidad. Esta es definida como el exceso de tejido adiposo (OMS, 2017; Obesity Society, 2016), diagnosticada a través de diferentes métodos: determinando el exceso de tejido adiposo (grasa corporal), o por el más común, a través del IMC, un simple indicador de la relación entre nuestro peso actual y nuestra estatura (mt2), a partir de este resultado se establecen unos puntos de corte:

– Normopeso: 18,5 – 24,9 Kg/ mt2.

– Sobrepeso: 25 – 29,9 Kg/ mt2.

– Obesidad: >30 Kg/ mt2.

En décadas anteriores se consideraba que el consumo de grasas, sobre todo las saturadas, era el causante de la obesidad. Más recientemente se le dio mayor importancia al exceso de consumo de harinas refinadas y azúcares como el principal promotor de la obesidad. Sin embargo, a pesar de que todos estos factores sí se relacionan con el desarrollo y mantenimiento de la obesidad, hoy en día, múltiples estudios se han concentrado en estudiar y demostrar que la obesidad es un proceso con origen inflamatorio (Marcos-Gómez, Bustos, Prieto, Martínez, & Moreno-Aliaga, 2008).

Ya que la verdadera raíz de la obesidad es la inflamación, sabemos entonces, que realmente puede comenzar en el intestino, porque tanto el consumo excesivo de alimentos como el consumo de alimentos enemigos (proinflamatorios) generan una cascada de activación inmunológica y estrés sistémico que favorece el almacenamiento de grasa en el tejido adiposo.

Por lo tanto, si solo cuidamos la cantidad de alimentos que comemos, solo estamos cuidando la mitad del problema, ya que si no disminuimos la activación del sistema inmune por estímulos negativos como antígenos o toxinas de los alimentos enemigos, entonces, favorecemos la activación crónica de cortisol e insulina, es decir, colaboraremos con los procesos de inflamación crónica de bajo grado.

Muchos autores apoyan esta teoría, ya que la obesidad está caracterizada por una elevación de niveles plasmáticos de citoquinas proinflamatorias. Imaginemos que las citoquinas son como pequeños mensajeros que le dicen a las células de defensa que se activen. Son proinflamatorias porque es la manera que tiene el cuerpo de combatir todo lo que crea que es enemigo. Entre estas citoquinas, que son producidas no solo por el sistema inmune sino también por el tejido graso, se encuentran: interleuquina 6 (IL-6), factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y proteínas de fase aguda como la proteína C reactiva (Marcos-Gómez, Bustos, Prieto, Martínez, & Moreno-Aliaga, 2008).

Esta elevación se debe a que las células adiposas o adipocitos, además de sintetizar y almacenar triglicéridos, son capaces de enviar y recibir información de su medio ambiente; por eso tiene papel endocrino, porque tiene la capacidad de liberar hormonas como la leptina, que nos da esa sensación de saciedad, adiponectinas, así como proteínas de respuesta inflamatoria (Manzur, Alvear, & Alayón, 2010).

Cuando mantenemos día a día estímulos negativos para nuestro cuerpo como: la presencia de obesidad (e inclusive el sobrepeso), el consumo de una dieta proinflamatoria, la ingesta excesiva de alimentos, la presencia de toxinas ambientales e infecciones, se produce un estado de estrés oxidativo que favorece aún más la secreción de estas citoquinas. Dentro de las funciones de estos mensajeros está favorecer la activación e infiltración en el tejido adiposo de células de defensa como macrófagos que liberan más citoquinas. Esta activación proinflamatoria asociada al tejido graso favorece una disfunción en el trabajo de los adipocitos y en su capacidad de obtener oxígeno y nutrientes provenientes de la circulación. Esto causa muerte celular, lo que genera más estrés oxidativo y reacciones inflamatorias.

Es decir, nos encontramos ante un círculo vicioso de inflamación que, mantenida en el tiempo, no solo va a causar o mantener la obesidad, sino que va a favorecer la presencia de resistencia a la insulina, aterosclerosis, dislipidemia, los que a su vez serán factores de riesgo para la presencia de enfermedades:

– Cardiovasculares como HTA, insuficiencia cardíaca, etc.

– Endocrinas como diabetes mellitus, hipotiroidismo, infertilidad, etc.

– Hepáticas como hígado graso no alcohólico, cirrosis hepática, etc.

– Osteoarticulares como artritis, artrosis, osteoporosis, etc.

– Diversos tipos de cáncer, entre otros.

Cuando entendemos que la obesidad es más bien obesitis y, por lo tanto, el exceso de peso favorece un estado de inflamación en nuestro cuerpo, la frase “eres lo que comes”, más que famosa, se vuelve una premisa fundamental para nosotros, ya que los alimentos ofrecen los nutrientes que van a conforman nuestro cuerpo e influir positiva o negativamente  en nuestra salud.

Entender que la alimentación es determinante en nuestro estado de salud no solo influye en nuestro sistema digestivo, sino también en nuestro sistema inmunológico y en cada una de las células de tu cuerpo.

Por ello, queremos concientizar a las personas sobre la importancia que tiene la nutrición en la prevención de enfermedades, el bienestar actual y la optimización de la salud.

Referencias

Congreso Venezolano de Obesología (2017). Ponencias de los doctores: Jesús Velásquez y Ludwing Rivero.

Manzur, F., Alvear, C., & Alayón , A. (2010). Adipocitos, obesidad visceral, inflamación y enfermedad cardiovascular. Revista Colombiana de Cardiología, 207-213.

Marcos-Gómez, B., Bustos, M., Prieto, J., Martínez, J., & Moreno-Aliaga, M. (2008). Obesidad, inflamación e insulino resistencia: papel de los ligandos del receptor gp 130. An. Sist. Sanit. Navar, 113-123.

Obesity Society. What is Obesity? April 2016. Url:

http://www.obesity.org/obesity/resources/facts-about-obesity/what-is-obesity

Organización Mundial de la Salud. Nota deiva: Obesidad y Sobrepeso. Octubre 2017. Url: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es/



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