Orar y agradecer abriendo el corazón

Una vez leí una frase que dice así: “La oración es una actitud activa. Orando le hablamos a Dios. La meditación es pasiva. Meditando podemos escuchar su respuesta”. Creo que es importante tomarnos todos los días unos momentos para tener una comunicación consciente con la divinidad, la fuente, Dios, el universo, o como queramos llamarle. Y la oración es uno de los medios.

Hay una llave en el acto de orar:

No sólo las palabras tienen protagonismo sino también el sentir.

Recuerdo que cuando estudiaba Comunicación en la Universidad, un profesor destacaba siempre, que es importante el “qué digo”, pero más aún el “cómo lo digo”.

Así descubrí que cuando lo que decimos transmite un sentimiento, además del contenido textual del mensaje, llega de una manera más profunda a quien lo recibe.

Es lo que a veces llamamos, hablar de corazón a corazón.

Esa es la forma de comunicarnos con la energía universal, desde el corazón. Sintiendo que eso que queremos crear es posible, ya está sucediendo y confiando en que la vida nos lo dará en el momento oportuno. Porque la vida sabe bien, cuando es el mejor momento para cada paso.

Hay algo más: Creo que cuando hacemos lo que amamos, y amamos lo que hacemos, también estamos orando. Aunque no haya palabras de por medio.

Al mismo tiempo, reconocer todas las cosas bellas que hoy son parte de nuestros días. Y valorar cada experiencia que hemos vivido, más allá de etiquetarlas como buenas o malas, alegres o de dolor. Todas ellas nos trajeron a donde estamos hoy y nos dejaron algo para aprender.

Por las noches, me gusta salir a mirar las estrellas. Y elijo esa oportunidad para dar gracias a que estoy ahí, en ese instante, con todo el cielo nocturno desplegándose y las estrellas brillando. Eso me lleva enseguida a un estado de paz.

Cuando agradecemos, estamos afirmando que nada nos falta, porque todo nos es dado, y lo merecemos por el sólo hecho de estar vivos. Es una de las intenciones creativas más poderosas. Y una buena práctica para hacer antes de irnos a dormir.

Ahora te invito a recorrer con tu mirada el lugar donde estés, hazlo suave; tomándote el tiempo para dar gracias, por cada una de las cosas que ves ante tus ojos. Ellas están ahí para ti.

Por mi parte, también te digo gracias por dedicarle estos minutos del día a mis palabras.

 



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