Oxitocina: aprende a activar la hormona del entusiasmo

“Mucha gente tiende a pensar que, al valorar o reconocer el trabajo de alguien, éste se echa a perder o se hace arrogante e insufrible. Tal vez esto sucede una vez cada siglo y que, al contrario, cada minuto algo digno y generoso muere por falta de elogio.” 

Semanalmente dicto seminarios en distintas partes de Venezuela y me complace mucho poder ver el efecto de la oxitocina (la hormona del entusiasmo y uno de los conceptos que no pueden faltar en mis conferencias) en la productividad y en los niveles de motivación de la gente. Los mensajes que recibo luego de mis eventos me confirman que la actividad profesional, e incluso la vida personal de los participantes, experimentan un repunte una vez que aplican este concepto.

La oxitocina es una hormona que todos tenemos y que, cuando se activa positivamente nos hace entrar en confianza, generando inspiración y generosidad entre quienes nos rodean. Cuando liberamos esta hormona en grandes cantidades con los integrantes de un equipo nos motivamos al máximo.

Aprender a activar la oxitocina en cada circunstancia de la vida nos otorga una ventaja determinante en el proceso de materializar metas y objetivos. Ir en busca de nuestras metas nos exige mucha fortaleza y paciencia ya que, por lo general, nos enfrentamos a distintos desaciertos y adversidades. Es por eso que la utilización efectiva de la oxitocina a nuestro favor nos refrescará en cada situación que tengamos que vencer.

¿Cómo se activa la oxitocina? A través del contacto físico, es decir: un abrazo, un beso, una palmadita en la espalda, incluso a través de una palabra de afirmación y reconocimiento.

Se dice que diariamente debemos dar y recibir al menos 10 abrazos.

Por ejemplo, la activación de la oxitocina en equipos deportivos es fundamental para lograr el alto rendimiento. Así lo vemos expresado en un equipo de fútbol, cuando los jugadores celebran el gol a través del contacto físico; lo vemos explícito en el beisbol, cuando posterior a un jonrón los peloteros salen a recibir a su compañero con las manos arriba, siempre acompañando con abrazos, celebraciones espontáneas y en ocasiones preparadas.

La celebración en los equipos deportivos es de una importancia colosal cuando se aspira alcanzar el máximo rendimiento. En primer lugar porque los compañeros reconocen el éxito de ese jugador que logró el gol o jonrón. Segundo, porque el jugador reconoce que el logro no es individual, es definitivamente colectivo. Mi experiencia con el deporte profesional así me lo confirma.

La oxitocina, además de activar la celebración, nos permite enfrentar uno de los virus interpersonales más comunes en esta época, la INVISIBILIDAD. Es decir, hacer sentir al otro como si no existiera. Esta situación es más común de lo que imaginamos.

Recuerdo que en una oportunidad recibí la llamada del gerente general de una empresa, quien me dijo:

—Quiero contratarte para que me ayudes a mejorar la motivación de mis empleados. Percibo mucha displicencia y apatía.

—Claro, con mucho gusto —le respondí—. Lo primero que debo hacer es reunirme con tu personal.

Al siguiente día me reuní con ese grupo de empleados. Cuando les pregunté qué consideraban ellos estaba afectando el funcionamiento de la empresa me dijeron casi al unísono:

—El gerente general.

—¿Por qué? —les pregunté.

—Lo único que se debe corregir en esta empresa es la capacidad de saludo de nuestros jefes —explicó uno de los empleados.

—Sé más específico—le pedí.

—Si los dueños y principales gerentes al menos dijeran buenos días al llegar, todo sería diferente. Es muy duro sentir que uno no existe para ellos.

Días después me reuní con el gerente general.

—¿Cómo te fue? —me preguntó ansioso.

—Bueno, creo que he detectado el problema.

—Me parece fantástico. ¿Cuál es?

—Usted —me vio a los ojos, incrédulo—. Ellos se sienten invisibles para usted y su equipo —le expliqué. Si algo afecta el rendimiento de un grupo es la ausencia de afecto y el reconocimiento básico. La invisibilidad es un virus que ninguna empresa se puede dar el lujo de sostener entre sus empleados.

Recuerdo haberlo instruido a él y al resto de los gerentes acerca de cómo revertir esa situación.

Semanas después, cuando volvimos a reunirnos, el gerente me comentó su experiencia.

—Es increíble la manera cómo un equipo de trabajo puede mejorar su rendimiento con tan solo tener expresiones de oxitocina con mayor regularidad.

Está de más decirles que el ambiente en aquella empresa se transformó positivamente gracias a un sencillo cambio de actitud a través del aprendizaje de una técnica sencilla, pero determinante en los ambientes laborales, familiares e íntimos.