Palabras al aire

Palabras al aire

Cuánto daño hacen esas palabras que se quedan volando para nunca aterrizar. Para quien lo dude solo le basta observar la tristeza de un niño que se quedó esperando por el padre que le prometió llevarlo de paseo para nunca llegar, o la persona enamorada que creyó en esas declaraciones de amor que con el tiempo demostraron no ser otra cosa que un truco para pasar el rato sin importar el dolor que producirían.

Cuánta razón hay en las palabras de Jung cuando dijo: “Tú eres aquello que haces, no aquello que dices que harás”, y no aplica solo para las promesas no cumplidas que le hacemos a otros, sino también para las que nos hacemos nosotros mismos para luego nunca llevarlas a cabo.

Ese curso que pensabas realizar, esa idea que querías desarrollar, ese proyecto nunca finalizado son solo muestras de autoengaño que terminan en frustraciones personales y que nos limitan como gruesas cadenas donde todo pareciera quedar en el mundo de las ideas.

Por otra parte, esas palabras en el aire hacen que se pierda la confianza tal cual el cuento del lobo donde, que cuando realmente necesites ser creído ya no lo seas porque la experiencia pasada habla de esa inconsistencia entre lo dicho y lo hecho.

La pregunta es ¿por qué prometer? Son tantas las variables en juego que quizás deberías considerar un camino más seguro y apasionante como lo es sorprender, ¡menos promesas y más sorpresas!, porque donde la acción ocurre el sonido es mucho más impactante que el de mil palabras.



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