Perder el miedo al miedo

Hay quienes dicen que no hay que temer.

Están aquellos que afirman que el miedo es una barrera, un obstáculo.

Los hay quienes hablan del miedo como el enemigo, como un mal a erradicar.

Otros, por su parte, lo asocian a cobardía.

Algunos más, refieren al miedo como un fantasma al asecho.

También hay quienes lo llaman debilidad.

Incluso ciertas gentes hablan del miedo a lo desconocido. ¿Cómo podrías temer a aquello que no conoces? La mente sólo se mueve en el mundo de lo conocido, en lo aprendido. Ese es su campo de acción. Por eso la mente pertenece al pasado y tan incómoda está en el presente. Todo disparador del miedo que provenga de un pensamiento, no hallará jamás base en lo que no se conoce.

Lo mismo ocurre con el miedo a la muerte. Se cree que se le teme a morir, cuando en verdad el temor es a todo lo que queda atrás. Se teme a lo que se deja “en el mundo”. Este miedo está ligado a un fútil sentido de pertenencia. Cuando se crea propiedad sobre las cosas/personas, uno siente miedo de perderlas. ¡Cómo si alguna vez hayan sido suyas! Ese es su temor pues, todavía, incluso agonizando, le pertenece este individuo al mundo.

Expertos en disparar este miedo son los médicos. Cuando un médico da su pronóstico, sentenciando por ejemplo: “le queda un mes de vida”, está disparando automáticamente el miedo a la muerte. Esa especie de “pseudo-certeza omnipotente”, es un pasaje de ida hacia el destino indicado. Muchas personas mueren simplemente por no contradecir estos pronósticos. Lao Tzu dijo: “Las enseñanzas del Maestro no son la medicina; son sólo la receta. El mentor no te lleva a tu destino, sólo te da el mapa que te servirá de guía para que encuentres el camino”.

¿Has visto cuan ciegos podemos ser, aún con los ojos abiertos? ¿A qué le temes tú, prisionero del tiempo y de las formas? ¿No es acaso el ropaje que llevas puesto, el de la temporalidad y o efímero? ¿Acaso eres lo que puedes ver, o lo que otros ven de ti?

El miedo es necesario muchas veces. Es un puente, incluso un trampolín.

¿Qué harías sin la experiencia del miedo, en medio de la selva, ante la inesperada aparición de un león? ¿Acaso no es el miedo que puede salvarte la vida?

El miedo funciona como un alerta, cómo un sensor. Es un mecanismo de supervivencia en muchos casos. Un estado de atención que nos deja completamente disponibles. No temas a temer. Atraviesa esa experiencia con total libertad, sin resistencias.

Observa cómo, sin esfuerzo ni represión, el miedo se desvanece, como lo hace la oscuridad ante la presencia de un solo rayo de sol. Pero esto no vuelve a la noche menos dichosa.

¿No son acaso las estrellas, incontables soles nocturnos?



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