Presencia: El mejor presente

Si eres de esas personas a las que les gusta celebrar los finales y principios, que contempla atónito y expectante el segundero del reloj para alzar la copa luego con los ojos bien cerrados y con la esperanza de un mañana mejor latente en el entrecejo, te invito a que “te regales” completo y entero, con la mirada profunda y sincera y con un corazón bien abierto.

Sólo la completa Presencia es proveedora de autenticidad. Porque se está ahí cuando en verdad se está íntegramente, con todo lo que se es y con todo lo que no se es. Pero completos, sin añoranza, sin esperanza. ¿Puede acaso aquel que vive en el recuerdo estar aquí? ¿Puede acaso aquel que vive en lo que espera estar aquí?

La morada más preciada es la que invita constantemente al estado de Presencia.

Hubo un tiempo en el que mi única ocupación era la preocupación. Con el pecho desgarrado y las mejillas surcadas por la sal de los océanos del Alma, me arrastraba por el árido suelo de la incomprensión.

Con la mirada perdida en el mundo y respirando desdicha, aparentaba la presencia en completa ausencia.

El canto del ave y el olor a primavera eran desconocidos para ese que no fui. Tras caminar el mundo entero sin descorrer sus velos, ni un solo paso en verdad he dado.

Cuando el péndulo de la Vida no deja de moverse, mi esencia queda prendada en la hipnosis de la ilusión. ¡Cancela ya la prenda con las agujas del reloj!

Esta mente, amante de los opuestos cuan inquieta balanza, no cesa de alternar el peso de sus platillos.

¡Qué lúgubre es la morada del Ser, cuando sus puertas y sus ventanas están cerradas!

¿Podrá el aire fresco de la Conciencia quitar la humedad de esta casa?

Toda esperanza no es más que un velo que impide el estado Real de Presencia.¿Qué esperas cuando todo ya lo tienes? ¡No te pierdas en la búsqueda! ¡Ya Eres, a pesar de todos tus intentos de conquista disfrazados del anhelo de un mañana mejor!

Sólo cuando el canto del ave duerme en su garganta, a la espera de que un cálido rayo de Sol lo despierte, el sonido acuciante del silencio que lo reclama, desgarra anhelante de belleza, los velos de la noche.

Así el mañana, que era engendrado en el vientre nocturno, es ahora un nuevo hijo del horizonte y, los lúgubres murmullos noctámbulos, se convierten en carcajadas del viento.

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Sin embargo tú, entre esperanza y añoranza: ¿Qué demandas a la existencia, cuando te limitas a dormir por las noches y a ser un sonámbulo durante el día?

Es mi mayor anhelo que vivas este tránsito gregoriano carente de todo deseo, ausente de pasado, sin ansias del mañana. Apuesta a tu mente neutral con cada latido de tu corazón. Vive intensamente Presente con cada respiración. ¿De qué otra manera sería posible dar crédito de veracidad a la afirmación: “Bienvenido nuevo año”, cuando ni siquiera estás ahí? ¿Puede acaso el ausente ser anfitrión de algún huésped?



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