Reflexión sobre una incompatibilidad aparente

Reflexionaba acerca de la vida y la muerte y de su paradójica asimetría, a pesar de ser las dos caras de la misma moneda.

¿Qué son las hojas secas de un árbol, sino el reposo y la libertad de las hojas verdes?

¿Acaso el día no es parido por la noche, que lo engendra en su seno, en el pórtico de un nuevo amanecer? Si acaso ves a la muerte como el lado oscuro de la Vida, ¿por qué no considerar que estés viendo sólo una parte? Porque cuando el sol “sale en Occidente”, “se pone en el Oriente”.

Si la vida y la muerte, que representan los estados más imbricados de la existencia, son una misma cosa, todos los “opuestos” lo son entonces.

Es por ello que sólo es posible odiar a quien se ama y enemistarse con quien se ha entablado amistad previa. ¿Cómo podrías tener de enemigo a alguien que no ha sido tu amigo antes? Amor y odio son la misma cosa. Amistad y enemistad también.

Es entonces que involucionamos cuando evolucionamos. También perdemos cuando ganamos.

Así el hombre:

Cuando progresa en la riqueza, empobrece por dentro.

Cuando gana prestigio, pierde identidad.

Cuando asume que sabe, se vuelve un ignorante.

Cuando incorpora información, bloquea la percepción.

Cuando  incrementa la audacia, reduce el asombro.

Cuando cultiva la inteligencia, cosecha y vende toda la inocencia.

Cuando centra su esfuerzo en el tener, debilita al Ser.

En esta incesante necesidad de elección se esgrime una muralla de incomprensión. La aparente separación trae consigo la idea de que todo es dos.

Cuando un nuevo día amanece, las estrellas, dignas princesas de la noche, se vuelven invisibles. ¿Es entonces el día, el asesino de tal atributo del firmamento?

La Belleza de la existencia radica en su simultaneidad, que representa al Todo danzando. En la paradoja de la Vida/Muerte, no hay lugar para la especulación y la duda. ¿Cómo podría el hombre querer escapar de la muerte, cuando ésta es el pico más elevado de la Vida, cuando es el éxtasis que precede al reposo?

¿Acaso aquella hoja seca que ha caído del árbol, no es capaz de remontar vuelo a lomos del viento, y recorrer los ocho puntos cardinales, sin añoranza y sin pena por la separación que no fue?

Cuando los platillos de la balanza no están destinados al exilio en tus juicios, corres el riesgo de querer sopesarlo todo. ¿Cómo es posible que reconozcas en la muerte la posibilidad de la Vida, cuando has defendido la fútil creencia de que ambas son dos?



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