Sabias palabras sin habla

En oportunidad de revisar mi interno, he descubierto un incesante mensaje en palabras que provienen del profundo silencio. Como un loco en escucha de lo indecible, gesticulo y hago muecas como quien mantiene una conversación. Cuando estoy disponible a lo dicho sin habla, la dicha me impregna con su fragancia y, una sublime sonrisa estampa siluetas en mi rostro. En el decir de los silencios, mil formas de comprensión son audibles a los oídos del Alma.

No es la mente ni su entendimiento, medio apropiado para estas artes. ¿Cómo podría el pensamiento ser testigo de lo que proviene del silencio despierto? La mente es 100% pasado, por tanto ha muerto ya. La mente nada sabe del presente. ¿Acaso podría yo pretender involucrarla? Sin embargo en esa fútil empresa nos embarcamos.

Cuando hay disponibilidad, simplemente sucede lo no-esperado. Entonces no hay objetivación de ningún tipo y el éxtasis se despliega en danza con el Ser, sin necesidad de acción, reacción, búsqueda o deseo. Cuando aparece tan solo un atisbo de ansiedad, se crea un obstáculo y la experiencia se desvanece. Resulta entonces que muchas gentes recrean “el supuesto estado meditativo” a base de búsqueda. Cuando esto se vuelve una práctica, porque muchas meditaciones son a base de prácticas, se crea entonces el circuito vicioso donde todo ocurre, excepto la meditación.

La verdadera substancia del vacío es la propia entrega del “encontrador” que no busca.

He abandonado completamente toda búsqueda, para convertirme en un “Encontrador de la Verdad”. ¿Cómo podría Ser, si me desvela el ansia y me intriga el encuentro? Sólo quien deja de buscar, abandona el deseo implícito de la conquista y de la realización.

Ya he dicho que la búsqueda en sí misma trae aparejada tensión. El hecho de ir al encuentro de algo, sea lo que sea este algo, define un objetivo y, se direccionan entonces ciertas tensiones hacia el logro y la consecución del mismo. Cuando se medita para “conseguir cierto estado”, hay búsqueda, por tanto, no hay meditación. En toda búsqueda el motor de la voluntad se enciende y aparece entonces la energía dirigida. Esa dirección es mero control. Meditar es no controlar. Puede verse entonces como se han creado innumerables métodos de meditación que no lo son.

Me preguntan:

¿De dónde provienen esas palabras tuyas?

Les digo:

– Ves aquel río ¿Acaso podrías decir de dónde viene y hacia dónde se dirige? 

Incluso a sabiendas, te resulta inimaginable que una gota sea su origen y un Océano su destino. Tú sólo puedes ver el río. 

Dime: ¿Qué esperas para ir más allá de tus sentidos?



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